¿Con la misma piedra?

Luis Solari de la Fuente

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Elizabeth Cavero

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Mientras por estos lares seguimos dedicados a contemplar con pena, temor e incertidumbre nuestra cruda realidad y nuestros debates se centran en analizar el arrancamiento de poder, del que es objeto nuestro país, en otras latitudes se debate sobre el proceso de “aceleración de la historia”.

Sin duda ese proceso se inició en noviembre de 1989, cuando se fundó el Foro Económico Asia-Pacífico (APEC) y en la misma semana cayó el muro de Berlín. En una misma semana cambiaron el centro del crecimiento económico mundial y la correlación de poder en el mundo. En el 2024 se dio una nueva reconfiguración con la tremenda irrupción de la inteligencia artificial, las elecciones en más de 60 países y el cada vez más evidente conflicto hegemónico entre China y Estados Unidos.

Es en ese espectacular contexto que sucedió la epidemia del COVID-19, como si fuera levadura que se aplica a la masa para acelerar un proceso.

La epidemia demostró que la informalidad económica y laboral era un condicionante muy importante relacionado con la mortalidad y la desatención. Pasó la pandemia y las políticas públicas para reducción de la informalidad brillan por su ausencia en la región.

El COVID-19 develó severas carencias tecnológicas para brindar educación a distancia, lo que afectó marcadamente los aprendizajes. Actualmente, los países invierten en el cierre de la brecha tecnológica. Sin embargo, la aceleración de la historia crea un desfase entre las nuevas destrezas que se requieren y la capacidad de los sistemas educativos para transmitirlas.

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