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La filantropía: herramienta clave para innovar y fomentar el crecimiento económico
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Los avances en la biomedicina, desde el descubrimiento de la estructura del ADN y el nacimiento de la biología molecular, son formidables. El repertorio farmacéutico ha sido reforzado con terapias innovadoras que incluyen proteínas, células y más recientemente, ‘kits’ para reparar genes dañados por mutaciones. Esta revolución en la salud no nació en ninguna empresa: su cuna fue el ámbito académico, mayormente de Estados Unidos.
Las universidades norteamericanas forman centros de investigación de alta tecnología, con el apoyo de donantes que entienden la necesidad de proveer al sector académico con los fondos y medios necesarios para resolver problemas científicos importantes. El paso siguiente es la aplicación de los descubrimientos a la creación de terapias nuevas. Un ejemplo reciente de gran impacto es la edición genética: este fenómeno fue descrito primero como un sistema de defensa que usan las bacterias para combatir virus que las parasitan. Una vez entendido este proceso, múltiples compañías de biotecnología tomaron sus componentes claves para diseñar agentes que hacen posible reparar genes defectuosos en enfermedades como la anemia falciforme, con gran beneficio para los pacientes con esta enfermedad.
El descubrimiento científico, antes de vislumbrar y desarrollar las aplicaciones prácticas, requiere contar con el apoyo filantrópico que permita la exploración profunda de problemas, sin limitación por las métricas que las empresas aplican para el seguimiento y evaluación de los proyectos de desarrollo de fármacos nuevos. El sistema académico de Estados Unidos se beneficia de dos maneras potentes: 1) aportes indirectos de todos los contribuyentes al sistema impositivo, bajo la forma de grants de agencias estatales; 2) donaciones directas de ciudadanos que entienden la necesidad de apoyar estos esfuerzos. En cierta forma, hay ciudadanos de EE. UU. que donan doblemente. Esto fundó un ecosistema de investigación vibrante: la base para los grandes desarrollos industriales en biomedicina en beneficio de los pacientes, generando también riqueza para las instituciones académicas (derechos de licencia y regalías), el sector de inversión, la comunidad empresarial del sector salud y por ende, para el país.
La experiencia personal como líder en biotecnología me ha permitido vivir lo que describo dentro del “ojo del huracán”. Dirigí el uso de una plataforma de biología sintética, descubierta en el Instituto de Investigación Scripps, para el diseño de proteínas terapéuticas no existentes en la naturaleza para el tratamiento del cáncer y enfermedades autoinmunes. Mi compañía fue adquirida por US$2.500’000.000 en el 2020 por una compañía farmacéutica transnacional. Scripps y los inversionistas que la financiaron se beneficiaron por múltiplos grandes por los aportes de propiedad intelectual y capitales.
Como científico, empresario de biotecnología y filántropo, he presenciado en forma directa y protagónica el impacto que la comunidad de benefactores puede generar para la economía de un país. Me entusiasma impulsar en nuestro país proyectos piloto para resolver problemas de importancia extrema para el Perú, que fomenten nuestro desarrollo, con beneficio para todos.

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