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La primera familia del cómic en nuestras pantallas
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La primera familia del cómic en nuestras pantallas

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Cuando la empresa Disney compró a la empresa Marvel, se fusionaron dos elementos interesantes de la cultura popular estadounidense que, como podemos ver a través del cine, tuvieron un impacto global. Disney había sido la creación del artista y empresario cuyo nombre es compartido por la megaempresa de entretenimiento, había pasado su infancia en zonas rurales de Kansas y Missouri. El tío Walt había crecido entre granjas, trenes a vapor y cuentos infantiles que logró edulcorar en sus espectaculares dibujos animados. La otra empresa, Marvel, había sido alimentada en la estridente y activa ciudad de Nueva York, donde un grupo de jóvenes rebeldes durante plena revolución juvenil de los 60 desarrolló una serie de personajes que, pese a tener superpoderes o habilidades que rayaban con lo sobrenatural, estaban permanentemente atormentados por los desafíos de sus propias vidas privadas.

Si en la década de los 60 era importante romper con la idea de la perfección inalcanzable y abrazar personajes con los que los desencantados jóvenes se podían identificar, el día de hoy, esta necesidad se ha hecho mucho más urgente. Los jóvenes actuales buscan no ser observadores pasivos, sino que, gracias a los cambios culturales de Internet, buscan ser parte directa o indirectamente de las historias que se les narran e identificarse como ellos mismos gustan aseverar: “Sí soy” o “me pasa”.

Stan Lee, artífice de gran parte de las ideas que generaron la vida de los superhéroes, contó en una entrevista que su editor se había enterado de que la casa editorial de la competencia había decidido crear un equipo de superhéroes (La Liga de la Justicia de América) que arrasaría las ventas y por ello le demandaba que inventara un equipo de héroes similar. Stan Lee, al recibir la orden, pensó que el único equipo que se venía a la cabeza era una familia, la institución más antigua de la humanidad y la creación cultural más efectiva que hemos tenido para el cuidado de los niños y la transmisión de bienes por herencia. En palabras del autor:

“Cuando tienes un solo superhéroe, ¿con quién se identifica? Lo hace un poco más difícil. Pensé en Los Cuatro Fantásticos como algo más que un equipo, en realidad, sino como una familia”.

La historia tuvo mucho éxito, pues la obsesión de los jóvenes autores de Marvel de buscar que sus personajes fueran vulnerables, con ocasional neurosis o permanente depresión, hizo que se sintieran cercanos, más aún si se comportaban como una familia en donde todos tenían una característica que los hacía, en un sentido, parte de nuestra propia familia.

Después de varios intentos, la primera familia del cómic tiene una versión exitosa del cine y la necesidad de identificarnos con los héroes sigue vigente. Podemos notar cambios de los tiempos, Sue Richards, la única mujer del grupo, resulta teniendo un papel de comando bastante importante; Reed Richards, el patriarca de la familia, es interpretado por un actor latino, Pedro Pascal, y si quieren un minispoiler, la ciudad de Lima es mencionada en la película.

Lo que también ha cambiado es que los jóvenes quieren oír historias donde héroes tan imperfectos, como somos todos, consigan realizar hazañas sin necesidad de ser constantemente masacrados en victorias que son solamente morales y que colocan al sufrimiento como una virtud. Esto ha hecho que muchas veces nuestros mitos fundacionales de nación, basados en el sacrificio, las derrotas crueles y la idealización de personajes históricos, hayan generado una distancia en los jóvenes contemporáneos. Sería bueno que, junto a la historia militar que se suele enseñar en las escuelas, basadas en batallas y conquistas, podamos incluir a los héroes cotidianos de nuestra nación, a las personas de a pie que ayudan a generar la felicidad común, no sin dificultades, pero sí con chamba y entusiasmo. Estamos viendo qué tipo de héroes necesitan los jóvenes, y no nos viene mal a los peruanos entender que una familia, distanciada o unida, disfuncional o armoniosa, ya está constituida por héroes y heroínas del día a día. Es cierto, como dicen, claro que “sí somos”… fantásticos.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Alexander Huerta-Mercado es Antropólogo, PUCP

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