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¿Policías buenos y fiscales malos?
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El Tribunal Constitucional, en una sentencia enrevesada y hasta retorcida, le dio la razón parcialmente (¿o no se la dio?) al Congreso con la ley que les quitó a los fiscales la conducción de la investigación. Me cuesta trabajo entender cómo llegaron a esa interpretación, siendo el artículo 159 de la Constitución, inciso 4, inequívoco: “Conducir desde su inicio la investigación del delito. Con tal propósito, la Policía Nacional está obligada a cumplir los mandatos del Ministerio Público en el ámbito de su función”. Tengo la impresión de que lo hecho tiene que ver, más bien, con la sintonía política que tienen con la alianza en el poder que, por conocidas y nada santas conveniencias, se la tiene jurada a la fiscalía (y también al Poder Judicial) y les es útil idealizar a la policía; esta sí, subordinada constitucionalmente al Poder Ejecutivo.
El Ministerio Público sigue en medio de la turbulencia política, ahora con la orden de reposición de Patricia Benavides a la Junta de Fiscales Supremos. Muy cuestionable y hasta repudiable que regrese a ese cargo un personaje de quien se sabe lo que se sabe. Pero la ley debe acatarse y la fiscal de la Nación comete una falta grave al darle largas a lo ineludible.
En el lado policial, en estos días ha crecido la indignación por la compra de los vehículos de superlujo para los tenientes generales. Para ello han sacado dinero de un lado y otro, como de Saludpol. Para su mala suerte, esto coincide con la valiente denuncia de los hijos de la retirada policía de investigaciones Delia Benavides, acerca de los terribles padecimientos que viene sufriendo su madre en el Hospital de Policía por un cáncer cerebral descubierto tarde y mal tratado luego por una mezcla de incompetencia e insensibilidad agravada por falta de recursos.
Supimos también, por denuncia de su viuda, que el valiente suboficial José Munive Gurmendi, asesinado por delincuentes a los que enfrentó, se había comprado un chaleco antibalas con sus propios recursos dado que en la policía no se lo proporcionaban pese a estar en las calles dando la batalla.
El comandante general de la PNP, requerido por los periodistas sobre la compra de lujosos vehículos para los tenientes generales, respondió: “Y yo, para cumplir mis actividades, ¿vengo en bicicleta?”, y el segundo al mando sostuvo: “Los generales estamos amenazados y necesitamos un vehículo de performance [sic]”. Me da especial tristeza la desconexión de estos mandos con la realidad que viven sus subordinados, ya que durante su carrera tuvieron momentos bastante destacados. Ahora sufren del virus de la frivolidad en el poder, que contrajo la señora Boluarte y arrasa en el Congreso.
Esa idealización de la policía buena y eficiente contra los fiscales malos e inútiles es, pues, muy lejana a la realidad. Problemas graves hay en ambas instituciones, pero puedo dar fe, con experiencia directa, de que cuando trabajan juntos tienen muy buenos resultados.
Pruebas al canto: esta misma semana se ha desactivado una organización criminal de malos policías en actividad y retiro que conseguían ascensos y a la vez extorsionaban a detenidos. Esto se logró con un trabajo conjunto de buenos policías trabajando de la mano con buenos fiscales. Mucho más de eso es lo que se requiere contra el crimen violento.
Coda: Gustavo Petro es un personaje casi tan caricaturesco y nefasto como Pedro Castillo. Se entiende, así, la simpatía entre ambos. El colombiano, lleno de fracasos en su país, quiere ahora ganarse alguito, promoviendo un conflicto con nuestro país. Pero, hasta donde sé, allá la gente sensata e informada sostiene que es un exabrupto, de aquellos que se producen cuando se abusa de determinados productos.

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