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El cierre del círculo
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Esta semana, el Poder Judicial condenó a Alejandro Toledo a 13 años y cuatro meses de cárcel por el Caso Ecoteva. El fallo no es irrelevante. Si bien el expresidente ya cumple, desde el año pasado, una pena mayor (20 años y medio) por las coimas que recibió de Odebrecht por la carretera Interoceánica, la importancia de este proceso radica en el impacto que tuvo para la vida política del país.
Es innegable que el Caso Ecoteva desbarató las aspiraciones electorales de Toledo en el 2016 (el Caso Odebrecht, como sabemos, recién explotó hacia finales de aquel año). Por lo que no es descabellado pensar hasta qué punto la vida política del país habría sido distinta si las primeras evidencias de enriquecimiento ilícito alrededor del fundador de Perú Posible no hubieran salido a la luz.
La trama de Ecoteva, como se recuerda, se dio a conocer hace más de 10 años, cuando la prensa reveló una serie de adquisiciones inmobiliarias de la suegra de Toledo, Eva Fernenbug, con dinero proveniente de oscuras ‘offshore’ en Costa Rica. Una de ellas, justamente, era Ecoteva Consulting Group, y había sido fundada por dos personas sin mayor capacidad financiera. En ese entonces, no sabíamos que ese era el modo en el que Odebrecht pagaba sobornos en la región, pero sí que el exmandatario debía dar explicaciones claras. Y fue allí cuando Toledo terminó por quedar en evidencia…
Los embustes del expresidente fueron cambiando con el paso del tiempo: el dinero pasó de ser una indemnización que su suegra había recibido por el Holocausto a una herencia, y de ser un préstamo de su amigo Yosef Maiman a ser, en realidad, una inversión de este por intermedio de Fernenbug. Las afirmaciones de Toledo de que él no había tenido nada que ver con la constitución de la ‘offshore’ costarricense ni con las millonarias compras que se hicieron en Lima se fueron cayendo también, una a una. En un último intento de escapar de la justicia peruana, incluso alegó ante las autoridades estadounidenses que las investigaciones contra él eran “persecución política”. Durante todo este proceso demostró ser un auténtico patrón de la mentira.
La sentencia del Caso Ecoteva, en fin, cierra un círculo que se abrió hace más de 10 años y que en todo este tiempo permitió desmontar la falsa imagen del “sano y sagrado” que el toledismo trató de vendernos, para retratarlo como lo que en verdad es: un corrupto y un mentiroso.

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