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Esta semana, la ciudad de Lima recibió dos noticias estrechamente vinculadas. La primera fue el recordatorio del puesto global que ocupa la capital peruana en lo que respecta al tráfico. De acuerdo con el Índice de Congestión Vehicular 2025 de TomTom, Lima es la quinta ciudad del mundo con mayor congestión vehicular, solo por detrás de Barranquilla (Colombia), Londres (Reino Unido), Bangalore (India) y Calcuta (India). El tiempo que pierden los limeños en sus traslados diarios no es, pues, normal.

La iniciativa de la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) había suscitado enorme controversia desde el inicio, en parte por la improvisación alrededor de su implementación. La coordinación con los municipios involucrados fue deficiente. Los planes de desvío estuvieron mal planificados y peor ejecutados. La comunicación fue, a lo mejor, incompleta. Expertos consultados por este Diario indican que la falta de un expediente técnico sólido y de un estudio detallado de desvíos son evidencia clara del apuro.

En ese contexto, a nadie debería sorprenderle mucho que la “marcha blanca” de los desvíos fuera rápidamente abortada ante las protestas que se acumulaban. Estas decisiones de ida y vuelta en un tema tan grueso son un testamento a la falta de planificación. Y son, además, una marca bochornosa para la MML que podrían salirle especialmente caras. El hecho de que el municipio de la ciudad haya visto necesario convocar recién ahora una “comisión técnica evaluadora del plan de desvíos” hace a cualquiera preguntarse –con algo de temor– cómo así tomaron la decisión en primer lugar.

Lima es una megaciudad que necesita urgentemente obras que faciliten la movilidad urbana. La metrópoli es el hogar de uno de cada tres peruanos, pero en términos de inversión pública no recibe la misma prioridad presupuestal y de planeamiento que la demografía sugeriría. Inversiones mal planificadas, sin estrategia ni comunicación, solo hacen el problema peor, además de dilapidar el dinero de los contribuyentes. De acuerdo con la propia MML, la nueva vía rápida Javier Prado es apenas una parte del paquete de obras que tienen pensado. Así como vienen las cosas, se va a requerir una dosis de paciencia extraordinaria para soportar el resto de las ideas que tienen en cartera.

Editorial de El Comercio

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