Con los mercados ya bastante sensibles por la incertidumbre que genera la política arancelaria de Donald Trump, el presidente estadounidense encontró una nueva forma de causar pánico sobre el futuro de la economía de Estados Unidos poco antes de cumplir 100 días liderando el país más poderoso del mundo.
La semana pasada, el mandatario pidió al presidente de la Reserva Federal (FED) de ese país, Jerome Powell, que abandone su cargo “lo antes posible” y este lunes lo calificó públicamente de “gran perdedor” por no hacer caso a sus pedidos de reducir la tasa de interés para abaratar el crédito y estimular el crecimiento de la economía estadounidense.
No es la primera vez, ni seguramente será la última, que Trump busca presionar al presidente de la FED para que se alinee con los intereses de la Casa Blanca y no, necesariamente, con el mandato constitucional que tiene como banco central de ese país de equilibrar el control de la inflación y la generación de empleo.
Durante su primera campaña presidencial, Trump solía atacar a la entonces cabeza de la FED, Janet Yellen, por mantener las tasas bajas y luego, cuando empezó a subirlas, se contradijo y criticó esa decisión, manteniendo sus reproches públicos luego de nombrar a Powell en reemplazo de Yellen y de ver que este continuaba la política de su antecesora.
Ahora, en medio de la incertidumbre respecto de los efectos inflacionarios de los incrementos de aranceles que él mismo ha decretado, Trump está buscando que la FED reduzca sus tasas de interés y no haga caso a las chispas que ya están empujando los precios al alza y que, de encontrar ramas secas en la demanda, podrían desatar un incendio inflacionario difícil de apagar.
La sola idea de que Trump pueda reemplazar a Powell antes de que termine su mandato en el 2026 sacudió a Wall Street a inicios de esta semana, mostrando que los inversionistas siguen viendo a la autonomía del banco central como una de las pocas garantías de un manejo macroeconómico más o menos razonable en medio de las nefastas decisiones de la Casa Blanca en materia comercial.
Trump ya ha descartado esta posibilidad, pero estas idas y vueltas constituyen un pésimo ejemplo para países como el Perú, donde la idea de ir en contra de la autonomía del Banco Central de Reserva para obtener réditos en el corto plazo ya ha demostrado sus fatales consecuencias en el pasado, pero podría resultar tentadora dependiendo de a quién elijamos para gobernarnos el próximo año.
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