¿Autoritario o antiestablishment?, por Carlos Meléndez

“El ansia de ‘representación’ del fujimorismo atrapa a sus integrantes en una lógica populista”.

    Carlos Meléndez
    Por

    PhD en Ciencia Política

    (Foto: Anthony Niño de Guzmán).
    (Foto: Anthony Niño de Guzmán).

    A raíz de la acusación constitucional al fiscal de la Nación, promovida por , algunos políticos y analistas han resaltado el “ADN autoritario del fujimorismo” y anunciado la inminencia de un “golpe institucional”. Estas elucubraciones aseveran la existencia de una estrategia antidemocrática que incluye la “vacancia presidencial”, el “avasallamiento a las instituciones democráticas” y otras calamidades en marcha. Facultades de Derecho y editoriales de diarios han publicado sendos pronunciamientos. ¿Está el fujimorismo preparando un “golpe”, como alertan sus detractores?

    Existen diferencias sustantivas entre FP y sus predecesores, dentro del fujimorismo. FP profesa una vocación partidaria, interés por el fortalecimiento organizativo y trabajo territorial –con autonomía del Estado–, que distingue al proyecto de del de su padre. Las continuidades entre ambas versiones se aprecian, más bien, en la cultura política de su electorado más leal, al que podemos caracterizar como conservador, mano-dura, pragmático e indiferente a la institucionalidad política. No casualmente algunos parlamentarios se esmeran en ser los reflejos de ese “mandato popular”. El ansia de “representación” del fujimorismo atrapa a sus integrantes en una lógica populista. El dilema planteado por Juan José Garrido (¿Popular o populista?) decanta al fujimorismo a favor de la segunda opción: “el apetito de poder (populista)… se lleva por delante las instituciones”, no solo las políticas sino también las económicas. ¿Por qué actúa así el fujimorismo?

    El domingo señalé, en entrevista concedida a Perú21, que FP es esencialmente un partido antiestablishment. Dije también que, por permanecer demasiado en este campo, el fujimorismo corre el riesgo de caer en el lado autoritario. Empero aún, considero, no lo ha hecho. Para explicar este argumento utilizaré una clasificación de las relaciones gobierno-oposición de Andreas Schedler. Para él, existen tres tipos de oposición: una antigobierno, una antiestablishment político y una antidemocrática. La primera se opone moderadamente a quienes detentan el poder (al incumbente) pero conviven armónicamente. La segunda rechaza a toda la clase política, incluyendo al gobierno y a la oposición moderada, sin contraponerse al régimen democrático. La tercera es una oposición al régimen democrático en su conjunto, incluyendo gobierno, oposición moderada y establishment y antiestablishment democrático. Así, Apra y AP califican en el primer grupo, FP oscila entre los dos primeros y Movadef en el tercero.

    FP practica una oposición semileal. Por su naturaleza antiestablishment, actúa con virulencia contra sus rivales, incluyendo a quienes ostentan cargos en las instancias de justicia (cuyo accionar diletante también requiere crítica institucionalista). La gresca permanente con el antifujimorismo lleva a FP a respuestas torpes que –aunque válidas políticamente– terminan impactando negativamente en la institucionalidad. En la actualidad, la acusación de “golpe institucional” es, sobre todo, una imputación mediática para desprestigiar más al fujimorismo, que no sabe reaccionar en aras de una reputación democrática, en fondo y forma. La crítica a FP tiene el mérito, eso sí, de alertar cualquier tentación populista, que puede devenir en caudillos autoritarios, tan frecuentes en nuestra historia.