
Este lunes el papa Francisco falleció en su residencia en El Vaticano. Tenía 88 años y había pasado las últimas semanas internado en el hospital Gemelli de Roma debido a un cuadro complejo de salud. La noticia de su muerte sorprendió al mundo entero y al Perú, un país que visitó entre el 18 al 21 de enero del 2018. Su llegada al nuestro territorio dejó postales inolvidables y un mensaje que marcó la renovación de la fe. El Comercio acompañó su estadía y en esta nota la recordamos.
Poco antes de la llegada del papa Francisco, las calles de Lima vibraban entre la tensión y la emoción. Una vez más, el papamóvil recorrería la ciudad y miles tendrían la oportunidad de escuchar una misa brindada por un sumo pontífice -situación que no se vivía desde 1988, cuando llegó al Perú Juan Pablo II-. En el Centro Histórico, frente a la Catedral de Lima y la Plaza de Armas, grupos de jóvenes artistas se congregaron para practicar bailes, pintar cuadros y cantar. En las avenidas principales, la Policía Nacional del Perú (PNP) realizaba simulacros para garantizar la seguridad del evento.
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El 18 de enero de 2018, la espera llegó a su fin. Desde muy temprano, miles de personas se congregaron en las avenidas Faucett, Colonial, La Marina y Brasil para recibir al primer Papa latinoamericano, Jorge Mario Bergoglio. Las calles, vestidas de blanco y amarillo, reflejaban la esperanza y devoción de los fieles, que cantaban, sostenían globos y observaban con ansias cada movimiento.

En la avenida Faucett, a la altura del Hospital San José, grupos de personas integrantes de diversas iglesias se ubicaron estratégicamente a lo largo de la vía para asegurarse de ver el auto que saldría del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. Los vendedores ambulantes aprovecharon la ocasión para ofrecer polos, vinchas y otros artículos con mensajes de esperanza.
Bajo un sol inclemente, la multitud esperó por más de siete horas. Algunos, afectados por golpes de calor, se desmayaban, mientras otros, más prevenidos, se refugiaban bajo sombrillas. Bomberos y voluntarios actuaron con rapidez ante cualquier eventualidad, mientras la policía mantenía el orden.
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Dentro del aeropuerto, decenas de militares, periodistas y autoridades aguardaban en el Grupo Aéreo Número 8 del Callao. En el avión, hombres y mujeres de prensa acompañaron al papa Francisco en su recorrido desde Chile hasta Perú. A las 5:00 p.m., el avión aterrizó.
El entonces presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski, junto a la exprimera dama Nancy Ann Lange, recibió al Sumo Pontífice. Francisco descendió del avión con paso firme y saludó a la pareja. Mientras conversaban, niños con banderas de papel del Perú lo saludaban con entusiasmo.
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En los exteriores del terminal aéreo, la noticia de su llegada se propagó rápidamente. Las radios sonaban a todo volumen y la expectativa creció. A pesar del bochorno, la gente no se movía. El Papa dejó el aeropuerto en un auto negro que pasó rápidamente por la Av. Faucett, por ello muchos apenas pudieron distinguirlo, pero eso no les importó: alzaron los brazos y saludaron con alegría.
Su primer destino fue la avenida Brasil, donde otra multitud lo esperaba. En la última cuadra de la vía, el papamóvil aguardaba para llevarlo a la Nunciatura Apostólica en Jesús María. Francisco bajó del auto negro, se quitó unas zapatillas deportivas y subió al vehículo blanco de ventanas amplias. De pie, continuó su recorrido entre los gritos de entusiasmo de los fieles. Su llegada quedó marcada por su la frase: “Recen por mí, no se olviden”.

El 19 de enero, viajó a Puerto Maldonado. El teólogo, sociólogo y profesor de la Universidad del Pacífico, José Luis Pérez Guadalupe, parte del equipo organizador, relató que previamente se realizaron varios viajes a la zona y a Trujillo para garantizar la seguridad. Todo salió según lo previsto.
A las 10:30 a.m., Francisco se encontró con los pueblos amazónicos en el Coliseo Regional Madre de Dios. En su discurso, subrayó la urgencia de proteger la Amazonía y sus culturas originarias. Luego, se reunió con la población local en el Instituto Jorge Basadre y visitó el Hogar Principito, donde compartió con niños en situación vulnerable.

Al día siguiente, celebró una misa multitudinaria en la Playa de Huanchaco, Trujillo, donde más de medio millón de fieles se congregaron. En sus oraciones, incluyó a los damnificados por el Fenómeno de El Niño costero, a quienes también visitó en Buenos Aires, una de las localidades más golpeadas por las lluvias.

Tras ser recibido por multitudes que buscaban su bendición, el Papa regresó a Lima para oficiar una misa en la Base Aérea de Las Palmas. Antes de ello, rezó el Ángelus en la Plaza de Armas de Lima donde dijo: ”No se desanimen. El Perú es una tierra ‘ensantada’”.

Asimismo, sostuvo una reunión con los obispos en el Palacio Arzobispal. En este encuentro, abordó los problemas de corrupción que enfrentaba el país. “Hoy podemos hablar de que gran parte de Latinoamérica sufre en su política una gran decadencia, debido en parte a la corrupción. El caso Odebrecht es simplemente una anécdota chiquita”, advirtió.
Durante la misa multitudinaria en Las Palmas, hizo un llamado a la unidad y al compromiso ciudadano con el mensaje de Cristo. A aproximadamente las 5:30 p.m. terminó la ceremonia y agradeció al presidente Pedro Pablo Kuczynski, al arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, y al comité que organizó su visita en el país.

Esa misma noche, el papa Francisco partió rumbo a Roma desde el Grupo Aéreo Número 8. En los exteriores, la multitud, entre cantos y lágrimas, lo despidió con la certeza de haber sido testigo de un momento histórico. Su mensaje quedó grabado en los corazones de millones de peruanos, quienes vieron en su visita un rayo de esperanza y un llamado a la unidad.











