Por Oscar García

Cada generación tiene su Batman favorito con el que se identifica. Aquellos que crecieron en los psicodélicos años sesenta e inicios de los setenta, con la televisión como principal entretenimiento en casa, recuerdan a Adam West, el colorido Hombre Murciélago de vientre prominente que apenas podía disimular con un cinturón ‘extra large’. West era un Batman despreocupado como los tiempos en los que fue alumbrado, que bien podía capturar a los bandidos en cada episodio o ponerse a bailar la música à go-go y el batusi de moda por entonces. La imagen del murciélago, por suerte, evolucionaría mucho con el tiempo y las sensibilidades de la época.