Por Gabriela Machuca

Bajas del tren ecológico y comienzas a caminar en medio de la selva alta argentina. El aire es purísimo, revitalizador. Tanto verde, además, abraza, motiva, libera. No pasará mucho para que estés avanzando en una pasarela armada sobre agua de riachuelos que van convirtiéndose en grandes ríos. Los trinos y sonidos de las aves que viven en el Parque Nacional Iguazú, uno de los más diversos del mundo, poco a poco, caen vencidos por un rumor que en unos minutos será casi ensordecedor. En cada paso que das, sientes emoción y nervios, esos que sobran cuando sabes que vas a presenciar algo majestuoso.