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Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Francisca Aronsson (19) tenía apenas unos días de nacida cuando protagonizó su primera sesión profesional de fotos. Ocurrió en el hospital de Borås, en Gotemburgo, Suecia, a pedido del personal médico, que no salía de su asombro al ver a una recién nacida tan hermosa y tan distinta a las demás. En medio de incubadoras con bebes que parecían querubines —todos rubios, todos ojiazules, inequívocamente suecos—, estaba ella: una bebe sueco-peruana, de cabecita negra, la sonrisa traviesa salpicada de pecas y una mirada profunda, como si ya supiera algo que los demás aún no. Le tomaron fotos para una campaña interna del hospital. Podría leerse hoy como un presagio de la vida frente a cámaras que el destino le tenía reservada.