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Santiago Roncagliolo, desde Ayacucho: “Los libros son la terapia de las naciones”
Ganadora del afamado Premio Alfaguara de Novela, “Abril Rojo”, una de las obras más leídas de Santiago Roncagliolo, fue presentada en el lugar donde suceden los hechos que narra. ¿Qué secretos le revela Ayacucho a un escritor peruano?
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Santiago Roncagliolo (Lima, 1975), es una de los autores peruanos más leídos del momento. Su más reciente libro es “Y líbranos del mal”, recientememte ganador del Premio Luces de El Comercio. (Foto: Richard Hirano)
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Santiago Roncagliolo (Lima, 1975), es una de los autores peruanos más leídos del momento. Su más reciente libro es “Y líbranos del mal”, recientememte ganador del Premio Luces de El Comercio. (Foto: Richard Hirano)
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Santiago Roncagliolo (Lima, 1975), es una de los autores peruanos más leídos del momento. Su más reciente libro es “Y líbranos del mal”, recientememte ganador del Premio Luces de El Comercio. (Foto: Richard Hirano)
“La miseria ha convertido a Ayacucho en zona de conflictos a lo largo de su historia”, escribió Santiago Roncagliolo en “La cuarta espada” (2007), un extenso reportaje sobre la vida de Abimael Guzmán y el origen de Sendero Luminoso. Un año antes, en el 2006, había publicado “Abril Rojo”, un thriller ambientado en Huamanga durante la Semana Santa de inicios de siglo, en el que una serie de personajes ambiguos y confundidos, encabezados por el fiscal Félix Chacaltana, deambulan entre las sombras de un aparente rebrote terrorista. Curiosamente, este libro nunca había sido presentado en aquella ciudad que él había elegido como escenario.
Siempre fue íntima la relación entre Roncagliolo y Huamanga, entre el observador y el territorio. Las primeras veces que viajó a esta región de los Andes del sur fueron en los años 90, cuando trabajaba en la Defensoría del Pueblo y la sociedad ayacuchana se lamía las heridas causadas por una guerra que todavía no terminaba. Después, recorrió los rincones más oscuros para investigar acerca de la vida del cabecilla terrorista, el causante principal -pero no el único- de esa tragedia, y luego escribir sobre sus violentos delirios.
Dos veces, durante aquellas estadías, participó de la Semana Santa, acaso la expresión religiosa más impactante en un país de creencias férreas. Y entonces los elementos para escribir una historia -una novela criminal, diría Leonard Padura- se juntaron, como si los atrajera algún eje magnético: la autocompasión como una ruta hacia la liberación, la muerte como lenguaje, el misterio, el dolor, la esperanza y la ansiedad por una nueva vida, como lo dice la Biblia, como lo dice el Inkarri, como el ‘presidente Gonzalo’ pensaba que sucedería si él ganaba la guerra. “Todos esos elementos eran un regalo para un escritor”, dijo Roncagliolo frente a sus lectores ayacuchanos. Venir aquí y hablar de este libro era como una vieja deuda impaga.
Ganadora del Premio Alfaguara 2006, “Abril Rojo” ha sido reeditada en el sello Seix Barral (del Grupo Planeta). En una gira pocas veces vista para el caso de un escritor peruano, Roncagliolo ha recorrido en estos días Ayacucho, Tujillo, Arequipa, Cusco, Ica y varias librerías de Lima. (Foto: Richard Hirano)
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Letra con sangre
Félix Chacaltana Saldívar, fiscal distrital adjunto, se sienta en su vieja Olivetti del año 75 y detalla los crímenes con los que se va topando, cuidando siempre de mantener el lenguaje de un hombre de leyes pegado a la tradición. No dice muerto, sino ‘occiso’; usa ‘gran cuantía’ cuando se refiere a algo grande; ‘en las inmediaciones’, otra frase favorita del burócrata promedio, significa en alguna parte cercana. En “Abril Rojo”, las muertes inexplicables siempre ocurren en las inmediaciones de Huamanga y de la conciencia de Chacaltana.
“¿En quién te inspiraste para el personaje del fiscal?”, le preguntaron a Roncagliolo en una de sus presentaciones. Y él entonces recordó cuando era funcionario público de la Defensoría del Pueblo y recibía documentos policiales o judiciales que describían atrocidades que, como parte de su trabajo, debía convertir en textos mínimamente comprensibles. Acomodar las tildes en la denuncia de una violación masiva en la cárcel, o revisar la sintaxis en atestados policiales sobre asesinatos ultraviolentos, lo iban convirtiendo en ese personaje sobre el cual años después escribiría. “El lenguaje legal es también una manera de alejar a la gente de la justicia. Si no entiendes la justicia, no puedes acceder a ella”, respondió.
Pero luego entabló otros paralelos. Desde su papel de trabajador público se topaba a diario con el lado más folclórico de la burocracia estatal, creyendo quizá que la norma estaba por encima de las personas. “Yo era como el fiscal Chacaltana, un joven inocente que creía que el mundo funcionaba según la ley”, dijo también en Huamanga.
Era el miércoles 27 de abril, por la mañana. A esa misma hora, a 230 kilómetros en dirección hacia la ceja de selva ayacuchana, en el Vraem, el presidente Pedro Castillo hablaba de referéndums y de asambleas constituyentes y otros proyectos que el gobierno considera de ‘gran cuantía’, frente un pueblo que básicamente necesita colegios, luz eléctrica permanente y seguridad ante la amenaza del narcoterrorismo. Las personas cambian, la burocracia no.
“Hermano mayor”, le dicen los chicos del Colegio de Alto Rendimiento de Ayacucho a Roncagliolo. Leyeron pasajes de su libro y le hicieron preguntas que abordan su propia historia. (Foto: Richard Hirano)
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Adiós, Ayacucho
Santiago tenía cinco años y vivía con su familia en México. “¿Qué es eso?”, preguntó a su padre, el entrañable Rafael Roncagliolo, cuando vio en una revista las fotos de un policía descolgando perros muertos en el Centro de Lima. “Eso es tu país”, le respondió.
En el Perú como desde el extranjero (vive ahora en Barcelona), en la vida real como en la literatura, en el reportaje o la ficción, Santiago ha intentado entender el fenómeno de esta guerra atroz entre peruanos, admitiendo que “a veces me cuesta distinguir entre nosotros y el enemigo”, como le confiesa Chacaltana al comandante Carrión, otro de los personajes de “Abril Rojo”.
Durante dos días, Roncagliolo habló con tres generaciones de ayacuchanos: niños de la escuela estatal Mariscal Cáceres y del Colegio de Alto Rendimiento, adolescentes de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, y también adultos de toda edad, quienes participaron de la presentación del libro en DM Hoteles (antiguo Hotel de Turistas), en el corazón de esta ciudad de emociones contenidas. Era un fenómeno curioso: los más jóvenes hacían preguntas guiados desde su curiosidad, y los mayores simplemente relataban lo que ellos habían vivido. “Los libros son la terapia de las naciones”, les dijo el escritor. Ayacucho tiene tanto que decir.
“Los libros tienen una vida fuera de nosotros, los escritores”, dice Roncagliolo. “Abril Rojo” es una clara muestra.
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“Los periodos de convulsión generan producción literaria”
Por Martín Roldán (”Generación Cochebomba”)
Conversando con el recordado novelista Miguel Gutiérrez sobre ‘la novela de la guerra’, afirmaba que los periodos de convulsión social generan mucha producción literaria, algunas de calidad y otras solo refuerzan el impacto de lo sucedido en los escritores. Desde distintas perspectivas, brindan una visión amplia de los hechos. Diferenciaba ese punto de la violencia de los ochenta con otro periodo dramático de nuestra historia: la Guerra con Chile.
En “Héroes sin nombre”, de Mario Luna, una antología de relatos de principios del siglo XX, aunque tienen discursos reivindicativos del honor nacional ante la derrota, asistimos a la tragedia individual. El indio enrolado en la campaña de la Breña sin entender qué es el Perú. Paloma, la damita de sociedad, enfermera voluntaria desfigurada en la batalla de Lima. Fleming, el migrante inglés con final trágico por defender a su segunda patria.
Las ciencias sociales analizan e interpretan hechos, la literatura se acerca a quienes la padecieron. En ese sentido, las publicaciones sobre este periodo violento han ido creciendo conforme nos distanciamos del momento histórico. Según el investigador Mark Cox, para el 2008 había más de 300 cuentos, 68 novelas y casi 150 escritores que tocan el tema. Y han ido aumentando.
Razón tenía Miguel Gutiérrez cuando me decía que ‘la novela de la guerra’ va a continuar escribiéndose, ya no por los que la vivieron, pero quizá los nietos, como en la Guerra Civil Española. Y no solo desde el realismo, también desde otros géneros como la ciencia ficción, la novela negra e incluso el humor.