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Víctor Delfín: el artista detrás de la escultura “El beso” habla de sus proyectos personales, a sus 96 años
Sereno y con una memoria impecable, el artista peruano de 96 años Víctor Delfín recuerda los episodios detrás de la escultura “El beso” en el Parque del Amor y anuncia proyectos literarios.
Todo comenzó en su casa de Barranco. Era la década de los 90 y Víctor Delfín (Lobitos, Piura, 1927) era ya un reconocido artista. Esta imponente casona situada en el acantilado estaba rodeada de desechos que la gente dejaba sin control. Delfín, preocupado, quiso cambiar esta situación sembrando algunas flores y plantas para cambiar el aspecto.
Un buen día, por intermedio de un amigo, recibió la visita del alcalde de Miraflores de ese entonces, Alberto Andrade, quien había sembrado campanillas en su distrito renovando así la vitalidad de los espacios públicos. La idea del encuentro era conversar sobre ese tema; sin embargo, al entrar en su casa Andrade encontró una pequeña escultura de dos amantes entrelazados que le cautivó: “¿La puedes hacer más grande?”, le preguntó al artista. “Para el amor, me das una montaña y la hago”, respondió Delfín sin pensarlo. Se olvidaron de las flores y crearon la idea de la monumental escultura de “El beso” y de lo que en los próximos meses se convertiría en el Parque del Amor, uno de los espacios más románticos e icónicos de la capital.
"El beso" de Víctor Delfín en todo su esplendor en el Parque del Amor.
/ ireneuke
“No me pagó una gran suma, pero me gustó la empatía y la fuerza que tenía. No hice ni un dibujo, solo la escultura pequeña”, recuerda el maestro Delfín sobre este inolvidable episodio de su trayectoria como artista, una larga caminata que vuelve a mirar con felicidad. Para conocer esta historia lo visitamos en su casa barranquina, este mítico espacio dominado por sus pinturas y esculturas en techos y paredes, así como una insuperable vista hacia el Pacífico.
Víctor Delfín tiene 96 años y una memoria intacta. Nos dice que sus recuerdos ahora son más nítidos, rememora hasta las voces de sus amigos y las calles de su infancia. Tampoco olvida el impacto de la escultura “El beso” tras la inauguración: “Yo no sabía que había puesto una pica en Flandes; es decir, que había molestado a los vecinos. Y comenzaron las críticas. La gente decía sobre la escultura: ‘¿Qué hacen ahí ese par de cholos sin zapatos?’.
A sus 96 años el artista está por publicar un nuevo libro de ficción.
/ SOMOS > ELIAS ALFAGEME
Entonces yo me pregunto, toda esta gente que vive en Miraflores ¿no ha tenido la posibilidad de ir por la costa, Punta Sal, Chimbote, Cabo Blanco y ver a los pescadores remangados y descalzos a orillas del mar? Nada más rico que refrescar los pies”. Tal y como lo hizo Delfín durante su infancia en Piura, cuando usaba los zapatos solo para ir al colegio. No entendía el porqué de aquel escándalo inicial. Para muchos era provocación; para otros partía del racismo.
-Han pasado más de 30 años de la inauguración del Parque del Amor. ¿Qué le falta al Perú de hoy?
Que [los peruanos] se miren bien el ombligo y dejen de sentirse europeizados. En los años 50, la mayoría suspiraba por irse a París. A mí me dieron una beca, pero renuncié y me fui a Puno. Me resistí. Fui a Francia cuando ya era un hombre que me ganaba la vida como escultor y me invitaron para hacer un trabajo.
-¿Cómo podría definir su identidad?
Soy un peruano que lucha por una mejor calidad de vida para los peruanos sin excepción. Todos los peruanos son respetables, cualquier oficio lo es. Lo único que pido a todo el que viene aquí es que lea para salir de esa carencia de conocimiento que nos hace ser tan vulgares, hipócritas y bárbaros en cierto modo.
Víctor Delfín en su casa y estudio de arte en Barranco.
/ SOMOS > ELIAS ALFAGEME
-¿Con qué intelectuales y artistas peruanos ha tenido amistad?
Recuerdo mis conversaciones con los intelectuales de los años 50. No hay uno que yo no conozca, pregúntame por cualquiera, a toditos los conozco: Carlos Germán Belli, Sebastián Salazar Bondy, Manuel Scorza, eran íntimos amigos. También Leslie Lee y Joaquín Roca Rey. Carlos Bernasconi fue mi compañero de la escuela. Tilsa Tsuchiya era mi comadre.
-A sus 96 años, ¿cómo es su vida ahora?
Este mes no he hecho más que recopilar escritos. Me gusta escribir poesía, cuentos cortos, como tengo amigos poetas me estimulan a publicar. Escribo a mano o le dicto a mi secretaria, después leo y corrijo. Eso de la soledad en la vejez son tonterías. Estoy escribiendo un libro de cuentos, se llama “A las 7 en Palermo” y se va a imprimir en marzo.
-¿Tiene sueños por cumplir?
Todos los tenemos. El ser humano que no sueña está muerto. Uno se despierta siempre con la ilusión de que algo puede hacer ese día por uno mismo o por los demás. Pienso en la cantidad de gente que se frustra, que a los 70 se convierte en fatalista. Cuando hay salud mental todo funciona. Cuando uno duerme tranquilo, tiene sueños lindos y en el sueño está construyendo, entonces está vivo. Uno se aferra a la vida con todas sus dificultades, es amor a la vida, tengo muchos ideales y pienso que tengo fuerzas todavía. //
Además…
Historia de un artista
-La infancia del artista Víctor Delfín fue inmensamente feliz cerca del mar de Lobitos. Tuvo 6 hermanos hombres y una mujer: “Soy el único vivo, era gente honrada, fieles a las enseñanzas de mi padre y mi madre”, evoca Delfín.
-Su padre era obrero de en una compañía inglesa de petróleo asentada en Lobitos y por ello Delfín tuvo acceso a productos y alimentos ingleses. Solo estudió hasta tercero de primaria. Se dedicó a dibujar y leer.
-Una de sus experiencias más hermosas fue cuando su profesora Rosa Meneses se percató de que le gustaba dibujar y lo llevó a la pizarra de todos los salones para demostrar su arte. En ese momento, lo respetaron. Lo conocían como Delfín, el dibujante