Escuchar sobre genes, genética y ADN es muy familiar. No es raro encontrarlos en las noticias ni en la ficción. Aprovechando que en este mes se cumplen 70 años del descubrimiento de la estructura del ADN y 20 años de la finalización del Proyecto del Genoma Humano, repasemos algunos hitos y conceptos para entender cómo la genética ha marcado cambios importantes para la humanidad.
Es sabido que hay ciertas características del organismo que se heredan de generación en generación. Pero fue el monje y botánico Gregor Mendel, en 1866, a través de una serie de experimentos de cruces en plantas de guisantes (alverjas), el primero en descubrir la transmisión de rasgos relacionados, sobre todo, al color y la forma entre generaciones.
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Mendel llegó a la conclusión de que, como las plantas de guisantes se reproducen sexualmente (con un gameto femenino y otro masculino), los rasgos comunes fueron transmitidos a través de elementos hereditarios en los gametos. Pero faltaba la explicación de cómo ocurría.
En 1909, Wilhelm Johannsen usó el término ‘gen’ (que en griego significa “que origina”) para denominar a las unidades de herencia. Es decir, los genes tienen la información de una función en particular en los seres vivos. Por ejemplo, en los humanos, desde determinar el color de ojos hasta la predisposición a alguna enfermedad.
Un año más tarde, Thomas Hunt Morgan descubrió que esos genes se encontraban en los cromosomas.
Los planos de la vida
Años más tarde, en su edición del 25 de abril de 1953, la revista “Nature” publicó un artículo que, pese a tener tan solo una página, se convertiría en un hito de la historia de la investigación científica. Francis Crick y James Watson publicaron la estructura molecular –con la hoy conocidísima forma de doble hélice– del ácido desoxirribonucleico o ADN.
“Se descubrió cómo sus cuatro bases nitrogenadas (adenina, timina, citosina y guanina) estaban unidas, como bloques de Lego. Pero no solo eso, sino que se descubrió cómo se puede copiar el ADN. Porque al estar hecho de dos cadenitas, que forman la doble hélice, cada una puede servir de molde para otra y se puede copiar muchas veces”, me explicó Pedro Romero, biólogo evolutivo y profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM).
“La relevancia de este hallazgo [la doble hélice] es que propició avances en terapias genéticas hasta en la clonación de animales”.
La relevancia de este hallazgo común para todos los seres vivos es que propició avances en todos los campos: desde terapias genéticas hasta la clonación de animales, pasando por el desarrollo de transgénicos.
“En estos años se ha avanzado bastante en la tecnología de recombinación. Se han desarrollado “tijeras”, que en realidad son proteínas capaces de pegar. Pero, como cada tecnología innovadora siempre hay límites. Es importante que siempre haya discusiones bioéticas. Por ejemplo, si quieren modificar una bacteria para que te dé más insulina usando ingeniería genética, no le veo nada malo. Pero si quieres usar esa tecnología para crear un nuevo humano… es otra cosa”, reflexiona el doctor Romero.
Proyecto ambicioso
Desde el 1 de octubre de 1990 hasta el 14 de abril del 2003, se desarrolló uno de los procesos más ambiciosos de la ciencia: el Proyecto del Genoma Humano. Se trató de una iniciativa internacional que tuvo como objetivo publicar un plano de todos los genes que tiene un ser humano.
Pese a que en un inicio se calculó que se trataba de 100.000 genes, luego se determinó que tenemos entre 30.000 y 35.000 genes, aunque no hay una cifra exacta.
Sin embargo, esta iniciativa fue clave porque permitió, entre otras cosas, lograr avances significativos en la investigación sobre el cáncer, en la identificación de enfermedades raras de origen genético, en conocer las diferencias entre los genomas de distintas personas, y en el desarrollo de medicamentos personalizados.
Muy aprovechable
Gisella Orjeda, profesora principal de la UNMSM y vicepresidenta de la Academia Nacional de Ciencias, participó en la secuenciación del genoma de la papa y del genoma del arroz. Cuando le pregunté sobre qué sentía al haber participado en proyectos tan importantes desde el Perú, la doctora Orjeda me dijo que seguía “anonadada” pero por el poco apoyo que le dan a estas aplicaciones de la ciencia en el país.
“Vivo anonadada de que en el Perú no se siga incrementando la inversión en ciencia, tecnología e innovación, en particular en las ciencias naturales donde tenemos una ventaja comparativa evidente, por la cantidad de investigadores, por nuestras riquezas y las oportunidades con nuestra diversidad”, reflexionó.
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¿Y de qué otra manera se pueden aprovechar estos conocimientos sobre el ADN?
Orjeda me cuenta que, junto con el doctor César Arana, el doctor Octavio Fashé, el doctor Federico Helffgot, el microbiólogo Manuel Saucedo y sus estudiantes, han logrado secuenciar el genoma del algarrobo.
“Hemos definido cada cromosoma de manera precisa. ¿Sabes que los algarrobos se están muriendo? Hemos estudiado también la microbiota (los microorganismos) que vive en algarrobos sanos y en enfermos y estamos analizando ese material”, comentó.
El estudio de los genes (genética) y del genoma de un organismo (genómica) tiene todavía un alto techo por alcanzar y que va a seguir revolucionando nuestras vidas y el planeta.
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