Ruwaq Maqui: La Navidad de Aquelina
Esta es una historia a 4.800 metros de altura, allá donde Aquelina Velásquez empieza a tejer su alpaca. A partir de tradiciones solidarias como la minka y el ayni, Aquelina ha reunido mujeres de todas las edades para hacer negocios con sus tejidos, desde la crianza de los animales hasta la venta de las prendas. En el 2010 fundó ‘Ruwak Maqui’ (Manos que Hacen) en Sicuani, Cusco. Y en el 2011 ha sido una de las ganadoras del Premio Protagonistas del Cambio, entre otras razones por su coraje y perseverancia. Tiene 28 años, es mujer, quechuahablante, de un pueblo rural y madre viuda. Esta es la historia de su Navidad.
El sábado 24 de diciembre a las seis de la mañana, Aquelina Velásquez salió de su casa en Sicuani, a cuatro horas del Cusco, rumbo a Pumanota, en donde pasaría la Navidad. Pumanota es el lugar donde nació, una comunidad a más de 4.800 metros sobre el nivel del mar y con no más de 200 habitantes, en medio de montañas frías y ocres que parecen un planeta sin explorar. Para llegar, primero recorrió cuatro horas en carro. Luego, subió a pie desde las diez de la mañana, acompañada solamente por su hijo John Gustavo, de siete años. Como no encontraron una mula o un caballo que les dé un aventón, llegaron a Pumanota con el ocaso, luego de caminar ocho horas.
- Allá no hay ni mercado ni tienda
ni quiosco, no hay árboles ni chacras, solo hay ichu y alpacas -dice Aquelina.
ni quiosco, no hay árboles ni chacras, solo hay ichu y alpacas -dice Aquelina.
- ¿Y dónde paras a comer?
- Llevo mi fiambre -contesta con obviedad.
Su primer chullo lo tejió a los ocho años. Junto a sus hermanos, improvisaba palitos de tejer con alambres de metal o maderas raspadas. “Mis padres vendían solo fibra y no tejidos, aunque la fibra es más barata”, recuerda Aquelina. No entendía por qué no venden chompas, guantes o chullos, si los gringos que subían los compraban a mejor precio. Diciembre es temporada de esquila y muchos ganaderos de la provincia se dedican solamente a vender la lana que cortan de las alpacas. Es su única venta del año, que puede dejarles alrededor de 5.000 soles y, en ocasiones, no tienen más ingresos hasta la siguiente Navidad. Por eso, a los 19 años, Aquelina fue sola a inscribirse en un curso de tejido para mujeres alpaqueras del ‘Proyecto Corredor Puno – Cusco’. Desde entonces, frases como ‘valor agregado’ o ‘cadenas productivas’ son parte de su vocabulario.
Aquelina pasó esta Navidad con su hermana Marcelina y la familia de ella. Después del chocolate y el panetón, prepararon la arcilla. En la plaza los lugareños moldean nacimientos de cerámica mientras ríen y consagran la noche, entre los cantos y bailes de los pastorcitos. Pero esta Navidad es diferente para Aquelina. En abril perdió a su mamá y a su esposo en un accidente en febrero. A veces, su esposo la acompañaba a sus capacitaciones; si aprendía más rápido que Aquelina, se lo enseñaba en la casa. Al nacer John Gustavo, la familia se mudó a Lima a trabajar en un taller de vestuarios folclóricos: ‘Bordados Apu’. Él ganaba 500 soles y ella 200. “Solo nos quedamos un año, nos explotaban”, señala Aquelina, pues bordaban hasta en las madrugadas colores de fuegos artificiales. En cambio en Pumanota, la madrugada del 25 llevaron al Niño Jesús y sus animales de arcilla hasta el corral donde duermen las alpacas, para armar su Nacimiento. Tomaron con solemnidad un vino traído desde Sicuani. “Hay que tratarlo bien al Diosito”, concluye Aquelina.
Sicuani es ‘La Capital de la Solidaridad’. En el 2008, Aquelina convenció una a una a diez mujeres de entre 16 y 50 años para formar una organización de tejedoras. Dos años más tarde, apoyada por la Prelatura de Sicuani, se formalizaron como la Asociación de Artesanas Ecológicas Solidarias ‘Ruwaq Maqui’. Aquelina está convencida de que solas no podrán surgir, por eso trabajan bajo una ética de la reciprocidad, con elementos ancestrales como el ayni -compartir los insumos- y la minka -compartir el trabajo- que suponen además intercambiar conocimientos. Cada socia gana entre 600 y 1.200 soles al mes. “Quiero mejorar su calidad de vida. Algunas jóvenes no tenían ni trabajo, pero gracias al tejido tienen sus propios ingresos”, explica Aquelina. Mientras Gloria Pilares, una profesional de la Prelatura, cuenta que el cambio en estas mujeres no es solo económico, sino moral. Antes se escondían en sus polleras, como tortugas en sus caparazones. Pero Aquelina contagia, acompaña, enseña, articula y les da una visión. De tanto tejer, en su mundo teje sentimientos. Para Gloria, “estas mujeres son también mejores personas”.
Fue Gloria quien empujó a Aquelina a participar del Premio Protagonistas del Cambio de este año. Para el jurado que la eligió como ganadora, Aquelina es una emprendedora nata, que “incluyó a mujeres como ella en la economía, a través de una cadena de valor”. Los conmovió su tenacidad, su actitud positiva y que está orgullosa de sus orígenes, a pesar de las improntas del destino. Como parte de la postulación, Aquelina tenía que presentar un video. Gloria la ayudó con el equipo de la Prelatura, a sabiendas que Aquelina tenía “estrés sentimental”. Por eso, Gloria narró personalmente “su caminar”:
El domingo 25 en la mañana, Aquelina trabajó desde temprano esquilando sus alpacas cerca del cielo, mientras en las ciudades se vivía la resaca de la Navidad, todavía se escuchaban algunos cohetones y varias mesas servían pavos calentados. En casi cinco años, Aquelina pasó de tener tres a cincuenta alpacas. “No hay días de descanso, trabajo de lunes a domingo”, dice con énfasis y naturalidad. Teje desde las cinco de la mañana, de nueve a cinco de la tarde está en su tienda de Sicuani, y por la noche separa las fibras por colores, con ayuda del pequeño John Gustavo. Varios fines de semana sube a Pumanota a cuidar sus alpacas. Pronto empezará cursos de inglés, computación y contabilidad: “Mi sueño es ser una empresaria y exportar mis tejidos a todo el mundo sin intermediarios”. A pesar de las tragedias, la geografía y las carencias, Aquelina nunca mira el suelo, mantiene su vista hacia arriba, como cuando camina ocho horas hacia Pumanota:
- ¿Y no te pones triste en Navidad?
- Lloramos un rato, recordando a los queridos. Pero sigo adelante. La vida continúa.
Texto: Elohim Monard

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