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Foto del autor: Rodrigo Bedoya

Rodrigo Bedoya

Enemigos públicos: la vuelta de los condenados

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El cine de Michael Mann ha encontrado un elemento estilístico interesante: las cámaras digitales. Mann debe ser el único cineasta que no utiliza este dispositivo como remplazo del celuloide, sino como algo que da nuevas texturas a su puesta en escena. “Enemigos públicos”, su última película, narra la historia de John Dillinger, el famoso ladrón de bancos de la época de la gran depresión. Y lo hace a partir no solo de los hechos, sino también de las texturas, del poder de la imagen digital. Si uno ve “Colateral” y “Miami Vice”, notará que la imagen digital permite un mayor contraste entre la oscuridad y las luces, haciendo de todas las secuencias algo mucho más brumoso e ininteligible de lo que pueden resultar con el celuloide. Los personajes, de esta manera, se desenvolvían en ciudades fantasmales, donde luces puntales (los faroles de la calle, los anuncios de las tiendas, las luces de los edificios) iban iluminando la oscuridad que parecía envolver a cada uno de los seres que habitaban las películas.

En “Enemigos públicos” esa nocturnidad no cambia. Lo que cambia son los espacios: una de las persecuciones más importantes ocurre en un bosque de noche, donde de nuevo se da el contraste entre oscuridad y luz. La lucha entre Dillinger (Johnny Depp) y el agente Melvin Purvis (Christian Bale), quien lo persigue incesantemente, adquiere matices extraños gracias a los fuertes contrastes que permite lo digital: un contraste que otorga a toda la secuencia una dimensión espectral, que parece oprimir a los personajes.

Esta dimensión espectral tiene que ver también con el tono que le imprime Mann a la película. “Enemigos públicos” es la historia de una caída. La caída de alguien que fue un héroe pero que de pronto se ve traicionado por los sindicatos pero también por la gente de su entera confianza. Hay algo trágico en la historia de Dillinger que capta muy bien la película, y que tiene que ver con la época de la gran depresión, que hace que todos busquen su beneficio personal: ya sea la policía torturando al momento de interrogar o los amigos de Dillinger traicionándolo. La línea entre buenos y malos se va difuminando, y al final todos quedan de cierta manera contaminados por el espíritu de la época. Una contaminación que Mann trabaja como si fuera una tragedia, como si cada uno de los hechos que llevan al desenlace fueran producto de una maquinaria de la cual es imposible zafarse, y que oprime a todos los actores de la sociedad. Los ecos a la situación del mundo actual parecen evidentes.

Generalmente, los personajes de Mann son seres condenados, como si algo más fuerte que ellos los impulsara a cumplir ciertos roles: lo eran los personajes de Al Pacino y Robert De Niro en “Fuego contra fuego” (una excelente película), lo eran Jamie Foxx y Tom Cruise en “Colateral”, al igual que los personajes de “Miami Vice”. Quizá en “Enemigos públicos” se sienta mejor que nunca esa noción de personajes que están signados por algo más fuerte que ellos; de seres condenados a enfrentarse, a nunca poder estar tranquilos. De ahí el tono triste y por momentos elegíaco que tiene el filme: la impotencia de los personajes hacia un destino que parece irremediable se siente en cada uno de los fotogramas. Michael Mann sabe cómo trabajar en Hollywood manteniendo una línea estilística que se va sintiendo en cada película. No queda más que agradecerlo.

Nota aparte: Pude ver dos películas que me resultaron interesantes: “Año uno” y “La huérfana”, siendo la última una grata sorpresa. ¿Las vieron? ¿Qué piensan de ellas?