"Actividad paranormal": ¿sustos suficientes?

Llegó al Perú la película que causó sensación en Estados Unidos. La que se hizo con 15 mil dólares (sin contar gastos de publicidad, así que digamos que costó 1 millón de cocos) y terminó recaudando más de 100 millones. “Actividad paranormal” sigue la senda de “El proyecto de la bruja de Blair”, aquella muy interesante película que jugaba a que la posibilidad de lo sobrenatural fuese real. Ese falso documental aterraba porque mantenía siempre lo sobrenatural como posibilidad: veíamos siempre los efectos del acto pero nunca a la presencia (o lo que fuere) que lo origina. Lo inquietante, justamente, radicaba en eso: en el registro de hechos que no tenían una explicación aparente. “Actividad paranormal” juega a mostrarnos lo que captura la cámara manejad por Micah, quien busca registrar eventos paranormales que, al parecer, ocurren en su casa, y que aquejan a su mujer Katie. La cinta alterna los momentos de relajo de la pareja con aquellos que graba mientras está dormida, que es donde ocurren los sucesos más aterradores.
Quizá el principal problema de la cinta radica en que su mecánica, que, en cierto momento, comienza a hacerse muy repetitiva. El ver lo que ocurre en la noche para después ver la discusión de la pareja sobre lo ocurrido, con la insistencias de la mujer a que su marido deje de grabar y el marido respondiendo que ese problema lo va a resolver él, resulta mecánico en tanto pierde la espontaneidad que el falso documental justamente busca captar. Si uno de los méritos de “El proyecto…” es crear tensión a partir de las reacciones de los personajes y su incapacidad de entender lo que ocurre, aquí la cosa va perdiendo cada vez más y más sorpresa ante la repetición automática de las situaciones, lo que quita cierta espontaneidad al aire documental que se quiere transmitir. Los personajes comienzan a entrar en roles algo tópicos que la repetición de las situaciones van haciendo cada vez más y más evidente.
Pero felizmente la película repunta bastante en los 15 o 20 minutos finales, donde gana muchísimo en intensidad. Oren Peli, el director, acierta en mostrarnos las manifestaciones en sí, puesto que estas van creando una constante sensación de sorpresa, que permite esperar cualquier cosa. La película, como ya lo dijimos, juega a ser un registro, a que lo que vemos ocurrió en realidad. Y cuando lo siniestro entra a quebrantar esa normalidad que la película captura, la cinta gana en vértigo y consigue asustar de verdad. La tensión va creciendo en tanto “Actividad…” se juega de lleno a asustar, a hacer que lo sobrenatural aparezca de la nada, casi como un habitante más de la casa. Eso es lo inquietante.
Resulta curioso que lo más espontáneo del filme sea justamente cuando lo sobrenatural o lo irreal aparecen, y que todo lo demás sea más bien tópico y poco convincente dentro de la lógica misma de la cinta. Quizá sea cierto que los sustos finales justifiquen a la película. Aunque, para ser francos, nos hubieran gustado algunos sustos más.
Actualización: No quiero dejar de mencionar la tristeza que me provoca en estos momentos la muerte de Eric Rohmer. Rohmer era un director magnífico, capaz de manejar las relaciones humanas y amorosas de una forma bastante bastante sensual. Rohmer construía películas de una sensualidad única, sensualidad que nacía del registro de las actitudes y los gestos de sus personajes (sus palabras, su forma de hablar, de caminar, de relacionarse con los otros) como si fueran la cosa más normal del mundo. Las ambigüedades y las dudas sentimentales de sus protagonistas eran mostradas siempre con una naturalidad y una frescura que nacía justamente de esa atención a los detalles, a los pequeños momentos. Se fue un grande.
:quality(75)/2.blogs.elcomercio.pe/service/img/milojos/autor.jpg)