Los mundos virtuales: no hables con extraños
- Papá ¿puedes comprarme una tabla de surf?, todos mis amigos ya tienen una, además me la merezco porque he ganado un torneo y hasta me dieron un trofeo.
- Nunca hemos ido a surfear hijo, ¿de dónde sacas esas cosas? Para surfear tienes que ser un buen nadador, dentro de poco ya estarás listo. ¿Tal vez me hablas de otro deporte?
- No papá, no me entiendes. Estoy hablando del torneo de surf en el Club Penguin
- <(O_O)>
¿Has escuchado a tu pequeño hijo hablar de Club Penguin, Mundo Gaturro o Panfu? o tal vez ¿la engreída de la casa te pidió que le instales Sims 3?
No te debe sorprender que esta navidad muchos de ellos hagan gestos de disconformidad a la hora de recibir los regalos, cuando lo que te pidieron fue una tarjeta para poder comprar “cosas” en sus mundos virtuales. Sí papá digital, ahora los engreídos pueden pedir de obsequio una tarjeta de membresía que les permitirá gastar en artículos que utilizarán en sus “vidas” virtuales, y ojo, no son baratas, algunas superan los $50 dólares.
¿Y qué hacen con esto? Por ejemplo pueden comprar “muebles” para sus casas, juguetes virtuales, ropa para sus mascotas. Tienen sus propias divisas o monedas, como Coins (Club Penguin), Simoleón (Sims) o Lindels (Second Life).
¿Te suena familiar? Claro, ellos como jugando se meten de lleno en la cultura del consumismo. Tienen sus “gastos”, “responsabilidades virtuales” y es el punto de reunión habitual. Lo que en nuestros tiempos era la esquina o el parquecito del barrio, hoy para nuestros hijos es Internet y sus comunidades virtuales, porque es en este espacio donde juegan y socializan con otros miembros, a quienes incluso, nunca conocerán en la vida real.
Para aquellas señoritas de base tres o cuatro, asiduas concurrentes del City Ville o Farm Ville, entenderán de lo que estoy hablando. Hay que construir ciudades, casas o establos. En lo que a mi refiere, lo siento más cerca de un Tamagotshi. Sí, esa mascota virtual que apareció en los noventas para alegrar a los niños y que cada cierto tiempo había que alimentar para que no muera de inanición, incluyo este comentario, por citar una analogía que los papás digitales recuerdan y así puedan entender de que hablo.
Y básicamente esos son los mundos virtuales, juegos en línea en los cuales los participantes eligen una vida paralela, nuevas amistades y la arquitectura del lugar donde viven. Tienen un trabajo, una familia y cumplen un “rol” en esa sociedad electrónica. Estas comunidades para niños también tienen diferentes versiones de juegos para adultos, el más conocido de todos es Secondlife, y actualmente es muy solicitada y recomendada en muchas universidades como una plataforma de comunicación efectiva, llegando a incorporar aulas virtuales y propalar conferencias.
Alguna vez escuché decir que no se sabe exactamente el resultado final de tener presencia en SecondLife, pero de lo sí estamos convencidos, es que viene una estampida de muchachos acostumbrados a socializar de esta manera. De seguro las comunidades virtuales estarán presentes en muchos pasajes de su vida real, como la educación. Tal vez sea la nueva forma que tengan a la hora de navegar por Internet en el futuro.
Hace unos días conocí a Andrea (10) me comentaba acerca de su familia en Sims3 y quedé impresionado. Me percaté de que tiene atenciones y preocupaciones tanto para su vida virtual como por la verdadera. Sus padres estaban contratando un servicio para acondicionar a su computadora lo necesario para empezar este juego. Increíble.
Tal vez ya estás preparando tus regalos para esta navidad y ya te encontraste con este pedido, pero lo más importante es intentar jugar con ellos, conocer los lugares que frecuentan y cuáles son sus intereses, de seguro te llevarás más de una sorpresa. He seguido el juego dentro del Club Penguin y Mundo Gaturro, y aunque no soy muy amante de los videojuegos, he quedado muy sorprendido con Lego Universe, si lo hace la gente de LEGO (los que hacen “mis ladrillos”), que tiene experiencia en el tema de juegos educativos, valdrá la pena experimentar.
Y te puedo comentar que mundos virtuales como Club Penguin y Mundo Gaturro tienen moderadores y sistemas de seguridad, que inclusive penalizan con la expulsión las malas prácticas. En teoría es seguro, pero igual siempre puedes supervisar el progreso de tu hijo, monitoreando desde una aplicación de Facebook. La gente mala siempre está intentando buscar la forma de hacer daño y tal vez ese “niñito virtual” no sea tan niño. No es bueno hablar con extraños.
Todo lo que pasa en el mundo virtual, ya lo viviste en el mundo real. Tú sabes cómo protegerlo.

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