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Yo soy tú

Las mujeres de mi vida

Cuán importante es entender de dónde venimos, y no me refiero a las gastadas preguntas filosóficas. Hablo de los orígenes, de saber quiénes son o fueron nuestros ancestros. De conocer y reconocer su historia, sus miedos, sus virtudes y sus debilidades…No hablar de ese pasado es negar nuestra existencia. Es negar quiénes somos realmente, lo que cargamos y de lo que debemos encargarnos.

Cuán importante es entender de dónde venimos, y no me refiero a las gastadas preguntas filosóficas. Hablo de los orígenes, de saber quiénes son o fueron nuestros ancestros. De conocer y reconocer su historia, sus miedos, sus virtudes y sus debilidades…No hablar de ese pasado es negar nuestra existencia. Es negar quiénes somos realmente, lo que cargamos y de lo que debemos encargarnos. Seguir leyendo...

Cuando nos olvidamos de nosotras…

La primera vez que pasé por esto tenía 29 años y él también. La historia que él tenía era muy fuerte, con muchos temas por encarar y aceptar, que me sumergí en su mundo y sí, me olvidé de mí. Me dejé llevar por sus problemas y adicciones. Vivía para hacerlo feliz, para complacerlo. Incluso dejé de depilarme las cejas, porque eso era muy superficial para él. Dos años después, mis amigos más cercanos y mi familia, los que habían sido testigos silenciosos de cómo me alejaba de mis sueños, coincidían en “ese chico no era para ti”. Luego de culpar a mi ex, en medio de la rabia y dolor, esas palabras resonaban en mi cabeza, iban al compás de mis latidos. Decidí ir a terapia, pues ¿cómo pude estar en una relación tóxica por dos años si yo no era una persona tóxica o quizás sí, pero no lo había aceptado?

La primera vez que pasé por esto tenía 29 años y él también. La historia que él tenía era muy fuerte, con muchos temas por encarar y aceptar, que me sumergí en su mundo y sí, me olvidé de mí. Me dejé llevar por sus problemas y adicciones. Vivía para hacerlo feliz, para complacerlo. Incluso dejé de depilarme las cejas, porque eso era muy superficial para él. Dos años después, mis amigos más cercanos y mi familia, los que habían sido testigos silenciosos de cómo me alejaba de mis sueños, coincidían en “ese chico no era para ti”. Luego de culpar a mi ex, en medio de la rabia y dolor, esas palabras resonaban en mi cabeza, iban al compás de mis latidos. Decidí ir a terapia, pues ¿cómo pude estar en una relación tóxica por dos años si yo no era una persona tóxica o quizás sí, pero no lo había aceptado? Seguir leyendo...

¿Cuánto dolor más podemos soportar?

Sofía tiene dos años más que yo, dos hijos y un esposo que, en sus palabras, casi la mató. Hoy, él ha cambiado, al menos eso es lo que ella cree o quiere creer. Sofía solo conoce el desamor, su padre nunca le dio una caricia. Su madre solo le daba un beso el día de su cumpleaños, no tenía tiempo para mimarla. Y tampoco sabía cómo hacerlo.

Sofía tiene dos años más que yo, dos hijos y un esposo que, en sus palabras, casi la mató. Hoy, él ha cambiado, al menos eso es lo que ella cree o quiere creer. Sofía solo conoce el desamor, su padre nunca le dio una caricia. Su madre solo le daba un beso el día de su cumpleaños, no tenía tiempo para mimarla. Y tampoco sabía cómo hacerlo. Seguir leyendo...

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