Noche de San Juan
Son las 10.30 p.m. del 23 de junio, noche de la Verbena de San Juan, también conocida en algunas zonas de Cataluña como “Noche del Fuego”. Estoy en mi habitación en un pequeño departamento céntrico en Barcelona, sin ánimos de salir a celebrar nada. Los problemas de salud de mi padre y los recuerdos aún frescos de mi familia en el Perú me han dejado abatido anímicamente estas últimas semanas. 
Foto: Reuters
Por mi ventana se observa cómo el cielo de Barcelona es iluminado por las coloridas luces de los fuegos artificiales. En las calles se escucha el tronar de los petardos, el griterío de los niños jugando y las conversaciones a viva voz de los jóvenes y adolescentes que marchan, con botella en mano, con dirección a las playas barcelonesas. Sí, parece que será una noche muy larga para algunos, a pesar que para otros es considerada la más corta del año.
De pronto recibo un sms: “Estamos en el Born decidiendo si vamos a Castelldefels o a Mataró. Si te apuntas, vente ahora mismo”. Entonces decido que es mejor salir y distraerme un poco, no arreglaré nada quedándome en casa sin poder dormir por el bullicio que hay en la calle. Doy el alcance a mis tres amigos y a la novia de uno de ellos. Excelente, somos el número justo para ir en coche y hacer caso omiso a las campañas de la Generalitat: “Utilitzeu el Servei public”. Cargamos el coche con todo el arsenal para una noche de verbena y luego cogemos la C-32 con dirección a Castelldefels Playa. En esta ocasión, y por decisión unánime, le tocó ser a la fémina del grupo la amiga elegida. Hasta el momento todo marchaba con la normalidad de una noche de fiesta popular. Sin embargo al llegar a nuestro destino, el sonido de las sirenas de las ambulancias y de patrulleros opacaba el estruendo de los petardos, a la vez que una larga fila de coches hacía la noche interminable. Gente asustada, desencajada y sollozando hacía presagiar una enorme tragedia. La llamada telefónica de otro grupo de amigos con quienes nos reuniríamos en la playa nos informó del accidente. Un tren que iba de Alicante hacia Barcelona había arrollado a un grupo de personas que imprudentemente había cruzado por las vías. Después de lidiar con el tráfico y luego con innumerables grupos de hogueras, logramos reunirnos con el resto de la colla. Lamentablemente, la noche ya no fue igual. A diferencia de verbenas anteriores, esta noche era triste y gris. Algunos de nosotros decidimos regresar a casa antes de lo planeado.
Cerca de doce muertos y catorce heridos es el saldo hasta el momento de dicho accidente. Los telediarios dicen que la mayoría eran jóvenes de procedencia latinoamericana. Una mezcla de rabia y pena es lo que produce saber que la negligencia peatonal es la causante de este desastre.
Zack Reina, Barcelona
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