Liderar no es solo tomar decisiones o dirigir equipos. Es una forma de influir con propósito y acompañar con sentido. A lo largo de mi carrera, he aprendido que el liderazgo más genuino surge del equilibrio entre la mente y el corazón. Pero fue la paternidad la que me enseñó a vivir ese equilibrio de manera cotidiana, autentica y profundamente humana.