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Los secretos de Tumshukayko: la joya escondida en el Callejón de Huaylas
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A diez minutos de la plaza mayor de Caraz, en Áncash, frente a la majestuosa Cordillera Blanca, se levantan diversos montículos prehispánicos que contienen restos muy antiguos conocidos con el nombre de Tumshukayko, los cuales fueron registrados en el siglo XIX por Antonio Raimondi. Desde hace cuatro años, una misión ítalo-peruana, dirigida por las arqueólogas Carolina Orsini y Elisa Benozzi, viene realizando excavaciones en el lugar y ha ido desenterrando construcciones prehispánicas que van desde el período intermedio tardío hasta épocas mucho más antiguas que demuestran una ocupación del sitio desde aproximadamente 5.000 años.
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En ese contexto, hace tres semanas, un hallazgo en la ladera oriental del montículo principal del sito sorprendió a los especialistas: el descubrimiento de un muro de granito y piedra volcánica que por ahora alcanza los dos metros de altura, con decoraciones tridimensionales y hornacinas, que serían los restos de la fachada de un antiguo complejo ceremonial, una especie de gran mirador hacia las imponentes jircas (montañas) de la cordillera.
Retrocediendo en el tiempo
Los primeros trabajos de prospección en Tumshukayko se iniciaron en 2021 y las excavaciones al año siguiente. Desde ese momento, los arqueólogos han ido encontrando restos y construcciones de diversos períodos en una gran plataforma ceremonial de aproximadamente 25 metros de altura, rodeada por estructuras menores. “Como se sabe, en los sitios grandes y antiguos que han sido ocupados durante miles de años existen muchos estratos, por lo que los trabajos de excavación son bien largos para poder llegar a las capas más profundas y antiguas. Entonces, después de cuatro temporadas, recién a fines del año pasado y este año hemos llegado a la plataforma de ocupación precerámica, con el hallazgo de estos muros de gran envergadura que han podido resistir, a pesar de tener aproximadamente cinco mil años de antigüedad”, explica la arqueóloga Carolina Orsini, codirectora del proyecto.

Los trabajos de este año se concentraron en el montículo ubicado frente a los nevados. “La importancia de este lugar ya se intuía por la presencia de una escalinata y un espacio vacío —añade Orsini—, que nosotros estamos interpretando como una plaza”. Con todas estas evidencias, los arqueólogos consideran que están ante el descubrimiento de un imponente mirador al que posiblemente acudían peregrinos de distintas regiones.
Aunque todavía no se tiene un fechado concreto, por lo reciente del hallazgo, existen evidencias que apuntan hacia tiempos precerámicos. Los arqueólogos han notado la existencia de roturas en el muro por capas aluviales que se tendrán que fechar claramente. Pero antes ya han registrado la presencia de un aluvión en la zona hace, aproximadamente, 1800 años a.C., por lo que deducen que se trataría de una construcción anterior a esa fecha. “Podemos afirmar —precisa Orsini— que esta fachada es la última de una serie de muros de la parte principal de un templo, pues existen otras anteriores que todavía están cubiertas de tierra, y que nos indican que el complejo fue utilizado algunos milenios antes”.
“Ahora estamos excavando más para tratar de liberar el muro y se vea todo más bonito —cuenta—. Pero para mí es muy interesante porque puede ser que este último aluvión nos hable un poco del fin de la ocupación precerámica del templo”.
Patrones estéticos
El uso del granito claro y la piedra volcánica oscura en la construcción del muro también es causa de asombro. “Debe haber sido algo maravilloso —comenta la arqueóloga—, pues podemos imaginar el brillo que debe haber tenido el granito recién pulido, el cual proyecta una luz muy particular, algo que contrasta con el tono mucho más mate de la piedra volcánica”. Esta diferencia de tonalidades en la fachada estaría marcando una dualidad siempre presente en la cultura andina.
“Imagina también —complementa Orsini— que la piedra volcánica se encuentra cerca del sitio, es una piedra local. En cambio, el granito viene de más lejos, de la cordillera, entonces tenemos cercano, lejano; claro, oscuro; opaco, brillante… todo un simbolismo dual que resulta muy interesante”.
La presencia de las hornacinas también ha causado sorpresa entre el equipo de arqueólogos, pues hasta el momento solo se había visto este tipo de decoración en el complejo de La Galgada, ubicado también en Áncash. ¿Podría ser este un patrón constructivo del periodo precerámico? “Me gustaría que fuera así —dice la especialista—, pero todavía falta mucho por excavar y estudiar, y solo el tiempo nos va a permitir contestar esta interesante pregunta”.
Se cree que Tumshukayko puede ser más antiguo que La Galgada, complejo que data de los 2.900 a 1.800 años a.C. “De momento, estamos viendo un grupo de templos. No podemos hablar de un urbanismo temprano, ni de ciudades complejas en la sierra en este periodo. Lo que sí podemos hacer es replantear el rol de la arquitectura monumental en las zonas andinas. Lo que pasa es que se conoce mucho de la costa y todavía muy poco de los Andes”, concluye Orsini.
Antiguos y nuevos agricultores
¿Cómo eran los habitantes del periodo precerámico en estos parajes andinos?, es otra pregunta que también interesa a los arqueólogos. “Estamos viendo el tema del modelo socioeconómico y no tenemos muchas certezas de momento —responde la arqueóloga—, porque queremos hacer un estudio paleoecológico del área para conocer qué tipo de recursos había en el medio precerámico. Lo que vemos ahora es un paisaje fuertemente transformado por la agricultura intensiva. Caraz, actualmente, es una zona de producción de arándanos que se exportan a diversas partes del mundo, y lo que pensamos es que, en el pasado, posiblemente, también fue una zona de desarrollo prístino para la agricultura; pues existen canales de irrigación prehispánicos que corren alrededor del sitio. Además, cerca de acá se encuentra la famosa cueva del Guitarrero, donde han sido encontradas las primeras plantas domesticadas del antiguo Perú”.
Lo que hace también interesante a Tumshukayko es que se trata de un sitio arqueológico ocupado en la actualidad por trece familias dedicadas a la agricultura, entre otras actividades, quienes están comprometidas a través de una asociación con los trabajos realizados por los arqueólogos en el lugar. “La ilusión de ellos y también la nuestra —expresa Orsini— es que Tumshukayko algún día no tan lejano pueda quedar en sus manos. Obviamente, no como gestión directa, porque eso corresponde al Estado peruano, pero sí a nivel de puesta en valor, como guías, como vendedores de objetos u organizadores de tours, porque además es gente que vive aquí toda la vida y conoce muy bien la zona”.
Entre el asombroso pasado y prometedor futuro de Tumshukayko, Orsini y su equipo esperan continuar con las excavaciones y realizar acciones de conservación y puesta en valor. El objetivo es que el granito de los muros pueda brillar otra vez bajo el cielo azul caracino, como hace 5.000 años, cuando el templo fue una expresión de comunión entre la obra del ser humano y la naturaleza.
Las excavaciones en Tumshushayko están dirigidas por una misión científica del Museo de las Culturas (MUDEC) y la Universidad IULM de Milán, en colaboración con las universidades Bicocca y Estatal de Milán, con el respaldo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia y el compromiso activo de la Municipalidad Provincial de Huaylas, la comunidad local de Tumshukayko y la Asociación Caraz Cultura. Este trabajo conjunto es resaltado por la rectora de la Universidad IULM, la profesora Valentina Garavaglia, quien destaca “no solo los resultados extraordinarios obtenidos desde el punto de vista científico, sino también desde la colaboración humana con las comunidades locales”. Para Massimiliano Mazzanti, embajador de Italia en el Perú, “estos descubrimientos son posibles gracias a actividades conjuntas e intercambios de conocimientos entre instituciones académicas e investigadores de ambos países, enfocados en la valorización del patrimonio histórico y arqueológico del que el Perú es cuidador. Un patrimonio que revela, milenios después, el esplendor de las civilizaciones precolombinas y la importancia de apoyar las misiones arqueológicas italianas en el Perú”.
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