Por Jorge Paredes Laos

Las hojas mecanografiadas tienen ya un nostálgico tono sepia. Y en la primera página pueden leerse el fragmento de Roger Vailland como epígrafe y uno de los inicios más célebres de la literatura peruana: “Julius nació en un palacio de la avenida Salaverry, frente al hipódromo de San Felipe; un palacio con cocheras, jardines, piscina, pequeño huerto donde a los dos años se perdía y lo encontraban siempre parado de espaldas, mirando, por ejemplo, una flor…”. Han pasado 55 años desde que Alfredo Bryce Echenique puso punto final a su primera novela, quizás la más querida y entrañable de todas, y desde ese momento el manuscrito de Un mundo para Julius fue hilvanando también su misteriosa travesía.