Por José Carlos Yrigoyen

Pueden hacerse muchas críticas a la Feria Internacional del Libro de Lima, pero algo que resulta innegable es su consolidación como el evento cultural más concurrido, esperado, democrático e inclusivo del país. Basta pasearse por sus laberínticos pasillos para comprobar las múltiples y disímiles actividades que en ella se convocan para reconocerla como un espacio donde todas las sangres y expresiones confluyen casi sin excepción. Difícil decir lo mismo de cualquier otra propuesta análoga en el Perú de nuestros días.