El TDAH afecta áreas como la atención, la impulsividad y la hiperactividad.
Su diagnóstico debe ser realizado por un especialista en salud mental infantil.
El TDAH afecta áreas como la atención, la impulsividad y la hiperactividad. Su diagnóstico debe ser realizado por un especialista en salud mental infantil.

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“No son niños malcriados, sino que luchan con una dificultad para autorregularse”: especialista explica el TDAH en niños
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“No son niños malcriados, sino que luchan con una dificultad para autorregularse”: especialista explica el TDAH en niños

“No son niños malcriados, sino que luchan con una dificultad para autorregularse”: especialista explica el TDAH en niños

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“El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es un diagnóstico médico real, con base científica y reconocido por las clasificaciones internacionales como el DSM-5 y la CIE-11”, afirma la doctora Gisella Vargas Cajahuanca, presidenta de la Sociedad Peruana de Psiquiatría Infanto Juvenil. Lejos de ser una etiqueta ligera, el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que puede manifestarse desde edades tempranas y afectar la vida de un niño.

“Muchas veces se confunde el TDAH con malcriadez o falta de límites, pero no es así. Es un trastorno que implica dificultades para autorregular la atención, el movimiento y los impulsos. Son niños que lo intentan, pero no pueden. Y cuando eso no se entiende, se genera mucho sufrimiento”, afirma la especialista.

Según cifras del Minsa, se estima que entre el 5% y el 10% de los niños en edad escolar podrían tener TDAH. Solo en el primer trimestre del año 2020, el Minsa atendió 5.850 casos de niños con este trastorno.

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¿Qué es el TDAH y cómo se manifiesta en la infancia?

“El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es una condición del neurodesarrollo que se inicia en la infancia”, explica la doctora Vargas Cajahuanca. Afecta tres áreas clave del funcionamiento mental: la capacidad de prestar atención, la impulsividad y la hiperactividad. Estas dificultades impactan directamente en el comportamiento, el aprendizaje y la vida social del niño.

Cuando el TDAH no se detecta a tiempo, puede impactar la autoestima del niño y dificultar su desarrollo emocional y social.
Cuando el TDAH no se detecta a tiempo, puede impactar la autoestima del niño y dificultar su desarrollo emocional y social.

Aunque en el discurso público muchas veces se trivializa el diagnóstico, la doctora recuerda que no se trata de una etiqueta ni de una excusa: “No son niños malcriados, sino niños que tienen dificultad para autorregularse”.

El trastorno se manifiesta con patrones persistentes de desatención, movimientos constantes y dificultades para controlar impulsos. Pero no todo niño inquieto tiene TDAH. El diagnóstico debe hacerse con cuidado y bajo criterios clínicos sólidos.

¿Cuáles son las señales que pueden alertar a padres y docentes?

El TDAH puede expresarse de distintas maneras. Algunos niños tienen mayor dificultad para concentrarse y organizarse; otros son más inquietos físicamente o actúan de forma impulsiva.

Algunas señales de alerta incluyen:

  • Inatención persistente: el niño se distrae con facilidad, no termina tareas, pierde objetos, parece no escuchar.
  • Hiperactividad: no puede permanecer sentado, se mueve constantemente, habla en exceso.
  • Impulsividad: interrumpe conversaciones, no respeta turnos, responde sin pensar.

“Lo importante es observar si estas conductas se presentan de forma constante, en diferentes contextos (casa, escuela, actividades sociales), y si generan un impacto funcional. No es una travesura aislada ni una etapa pasajera”, enfatiza la especialista.

¿Quién puede diagnosticar el TDAH?

La especialista es enfática: “El diagnóstico no puede hacerse por percepción de un papá, de un profesor, ni por un test en internet. Es un diagnóstico clínico que requiere una evaluación profesional”. Según detalla, el proceso debe ser realizado por un médico psiquiatra infantil o un neurólogo pediátrico, luego de una evaluación completa que considere múltiples fuentes de información.

“Una sola entrevista no es suficiente. Hay que mirar al niño en su conjunto: historia del desarrollo, contexto familiar, escolar, emocional”, señala Vargas. Recalca que un diagnóstico riguroso permite descartar otras causas posibles del comportamiento, como trastornos emocionales, situaciones de estrés o problemas sensoriales.

El diagnóstico del TDAH debe hacerse por un especialista, luego de una evaluación clínica completa que considere el entorno del niño.
El diagnóstico del TDAH debe hacerse por un especialista, luego de una evaluación clínica completa que considere el entorno del niño.

¿Por qué es importante detectarlo a tiempo?

“El diagnóstico temprano permite una intervención temprana, y eso hace una gran diferencia en la calidad de vida del niño”, afirma la doctora. Cuando no se reconoce, el niño suele ser malinterpretado y castigado por conductas que no controla del todo.

“Estos niños escuchan todo el tiempo que no hacen caso, que no aprenden, que molestan, que interrumpen. Entonces empiezan a sentirse mal con ellos mismos”, explica. Este deterioro de la autoestima puede tener efectos duraderos si no se aborda. De ahí la importancia de actuar con rapidez, pero también con sensibilidad.

¿Qué consecuencias tiene no tratar el TDAH?

Aunque el TDAH no es una enfermedad, sí requiere intervención. “Si no se trata, los síntomas se arrastran durante años. No es que se pasen solos”, advierte Vargas. Las dificultades para prestar atención o controlar impulsos pueden agravarse con el tiempo y afectar el desarrollo escolar, emocional y social.

En algunos casos, señala, el mal manejo del TDAH puede derivar en cuadros de ansiedad, depresión o problemas de conducta. Además, si el entorno no comprende lo que le ocurre al niño, el castigo se vuelve constante y se rompe el vínculo con figuras importantes como padres o profesores.

¿Qué tipo de tratamiento existe?

La doctora aclara que “el tratamiento no es solamente farmacológico”. Existen múltiples estrategias que deben combinarse según cada caso: psicoeducación a la familia, ajustes escolares, acompañamiento psicológico y, en algunos casos, medicación.

“El objetivo es que el niño pueda autorregularse y estar disponible para aprender”, comenta. Si bien la medicación puede ser parte del tratamiento, su uso requiere seguimiento y no se aplica en todos los casos. “El tratamiento debe ser integral, y eso incluye a la familia y a la escuela”, precisa.

¿Qué pueden hacer los padres en casa?

Uno de los mensajes más importantes que deja la doctora Vargas es que los padres no tienen la culpa. “A veces los papás se sienten culpables o impotentes. Piensan que han criado mal al niño, que no lo corrigen lo suficiente. Pero no se trata de eso”. Para la experta, lo más importante es informarse y pasar del castigo a la estrategia.

Algunas recomendaciones prácticas son:

  • Establecer rutinas claras, con horarios visibles para tareas, descanso y juego.
  • Usar indicaciones breves y concretas, una a la vez.
  • Evitar gritos y castigos desproporcionados.
  • Reforzar los logros, por pequeños que sean.
  • Crear un ambiente que reduzca distracciones durante el estudio.

“El afecto y la estructura deben ir de la mano. Estos niños necesitan sentirse comprendidos, pero también contenidos”, resalta la especialista.

¿Cómo puede ayudar la escuela?

“La escuela tiene que ser un entorno facilitador. No puede quedarse en la lógica de ‘este niño me molesta’. Tiene que preguntar: ¿por qué actúa así? ¿Qué necesita?”, sostiene.

Para ella, es clave que los docentes comprendan el trastorno y se formen en estrategias de manejo en el aula. Entre las herramientas posibles están las instrucciones claras, los apoyos visuales, los descansos breves y la organización de espacios. “Lo que no funciona es repetir que ‘no se está esforzando’. Porque muchas veces, sí lo está, pero no puede”.

También remarca que hay una ley que respalda a estos niños. “El TDAH está incluido dentro del reglamento de la Ley de Salud Mental. Eso significa que debe ser atendido por el sistema de salud y reconocido como una condición que necesita acompañamiento”, afirma.

¿Qué prejuicios siguen afectando a los niños con TDAH?

Uno de los mitos más frecuentes es pensar que los niños con TDAH son desobedientes o consentidos. Vargas explica que estas etiquetas perjudican tanto como la falta de atención médica. “El daño no solo viene del trastorno en sí, sino del juicio constante que reciben estos niños”, dice.

Otro prejuicio común es la idea de que la medicación “dopa” al niño o lo convierte en alguien distinto. La doctora responde: “con el tratamiento adecuado, el niño no pierde su esencia. Al contrario, se le ayuda a estar más tranquilo, más enfocado, a sentirse mejor consigo mismo”.

La experta finaliza instando a las familias a buscar el apoyo profesional: “No minimicen lo que observan, pero tampoco se asusten. Busquen ayuda profesional. Sobre todo, miren a su hijo con amor, sin etiquetas. Porque detrás de esas conductas hay un niño que está luchando, no un niño que quiere molestar”, concluye.

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