Águilas Negras y Asbanc: una exitosa alianza por la seguridad
Águilas Negras y Asbanc: una exitosa alianza por la seguridad

Que “la seguridad es tarea de todos” no es un lema tonto. Es perentorio. La policía no podrá reducir el crimen –ni aun si contara con el apoyo de las Fuerzas Armadas– si la sociedad civil sana no da ultimátums a su parte enferma. Por eso, la idea de una APP (asociación público-privada), que sume esfuerzos entre policías y empresarios, cae de perilla.

Y no es nada nuevo. Ya existe desde hace 30 años. En octubre de 1980, se creó la primera comandancia de patrullaje especializado, como un esfuerzo de destinar más inteligencia y ojo avizor a nuevos y expandidos delitos. El ARMA (asalto y robo a mano armada) a los bancos era uno de ellos. A partir de 1982, esa comandancia adquirió el nombre de y sus efectivos vistieron boinas negras, en lugar de las rojas tradicionales. Poco después, hacia 1984, surgieron los primeros convenios, aún incipientes, con el gremio banquero.

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Carlos Salas Abusada

ANTES DE LOS MARCAS
En el cuartel de las Águilas Negras en Santa Anita se han tomado muy en serio la simbología: un águila esculpida saluda sobre el portón de entrada, varias otras pintadas en el muro lateral miran amenazantes y una de verdad se arregla las plumas en su jaula. El comandante Isaac Candia me cuenta las historias de los efectivos muertos en cumplimiento del deber, cuyos rostros alternan con las águilas. Uno de ellos, Jesús Quintana Colán, fue acribillado por los asaltantes de una agencia en Villa El Salvador.

(El Comercio)

Carlos Iriarte fue el principal gestor del convenio entre Asbanc y las Águilas Negras. Aquí con el comandante Isaac Candia. (Paul Vallejos / El Comercio)

Detrás de esas historias dramáticas hay centenas de crímenes frustrados. Las AN se dedican exclusivamente a los bancos, pero intervienen en cualquier delito flagrante que encuentren en su patrullaje. ¿Cuál es la razón y la justificación de su especialización bancaria?

Lo explica el coronel (r) Carlos Iriarte, quien me gestionó la cita en el cuartel: “El desgaste que ocasionó el terrorismo fue nefasto para la Guardia Civil. Se replegó, perdimos la calle. Se necesitaban unidades especiales. El MRTA empezó a asaltar bancos, conocía rutas de aproximación y de escape, tenía grupos de irrupción, contención y huida. Además, estaban la banda de los Sánchez Bedón, Los Injertos, Los Destructores, Los Retacos, todos con fusiles de largo alcance”.

Iriarte fue pasado al retiro a inicios del fujimorismo y en 1992 lo llamó el Banco de Crédito como asesor en seguridad. Entonces, se dedicó a ampliar la colaboración. “Los asaltos todavía eran frecuentes. Ya no era problema de un banco, sino de la Asbanc. Hicimos un convenio más desarrollado, especificando derechos y obligaciones. Asbanc ponía patrulleros, motos, el mantenimiento que es fundamental, programas de incentivos para los policías y este local donde estamos ahora. Tenemos una regla de oro: Nunca un enfrentamiento al interior del banco”.

Los asaltos disminuyeron drásticamente, como se ve en los cuadros de esta página. La eficacia de la vigilancia, con alertas inmediatas ante cualquier sospecha, hizo casi imposible irrumpir en las agencias. Pero, ojo, surgieron nuevas modalidades: empezaron los secuestros a gerentes, aunque fuera durante la noche entera, para entrar con ellos a la agencia al día siguiente a que les abriera la bóveda. Una vez que se redujo esa modalidad gracias a medidas internas en los bancos (y luego al temporizador de las bóvedas), empezó una razia a los cajeros electrónicos. Aplacado ese mal, surgió otro que aún no cesa y tiene atentas a las AN, el marcaje. Iriarte y Candia aseguran que los casos de marcaje se deben básicamente a la observación que hacen los delincuentes en las agencias, y no a soplos de los empleados cuando un cliente se lleva mucho efectivo.

Mientras nuestro índice de asaltos a bancos –el mítico botín de toda mafia– se mantiene entre los más bajos del continente, los atracos a ciudadanos, robos a casas, extorsiones y otras tropelías llegan a cotas de miedo.

APP CONTRA EL TERROR
La idea está servida sobre la mesa en la que converso con Iriarte y con el comandante Candia. ¿Por qué no repetir el éxito de las Águilas Negras en otros rubros donde la delincuencia golpea duro? Antes de esa respuesta, Iriarte hace una precisión: “Si esto ha funcionado, es porque hubo la voluntad política del gremio de crear un fondo renovable de seguridad, invirtiendo en la última tecnología”.

O sea, no se trata de una aislada donación de equipos, sino de financiar un esfuerzo constante. Le insisto a Iriarte en que me ponga un ejemplo de un rubro donde se podría establecer otra APP contra los cacos, pero se adelanta Candia: “Vinieron a visitarnos los de Capeco [Cámara Peruana de la Construcción], querían ver cómo funcionaba nuestra relación con los bancos”. Sucede que existe la Diproc (División de Protección de Obras Civiles) en la PNP, especializada en el maleado rubro constructor, pero le falta ese interesado apoyo privado que podría hacerla eficaz.

Ahora sí, la respuesta de Iriarte: “El transporte de carga y pasajeros. El control de carreteras debe tener los mismos recursos que el patrullaje en la ciudad. No es posible que el Mininter otorgue 700 vehículos para eso cuando pueden salir de una alianza con el MTC y el sector privado”.

Iriarte va más lejos. Es un entusiasta del proyecto de obras por impuestos en materia de seguridad, que también fue prometido por el gobierno y aún no lo vemos concretarse; y de un reordenamiento policial que agrande las comisarías destacando a ellas agentes de las divisiones especializadas.

Lo fundamental, en la historia de las Águilas Negras, es que, cuando el crimen abruma, la sociedad civil y los empresarios tienen que pelear la guerra junto a la policía.

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