(Foto referencial: El Comercio)
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Un peatón involucrado en un accidente de tránsito con un auto viajando a 30 km/h tiene una probabilidad del 90% de sobrevivir. A 45 km/h, la probabilidad se reduce a 50%, y a 60 km/h es 0%. Nuestras políticas de tránsito, en cambio, permiten velocidades de 60 km/h en vías colectoras y arteriales que pueden tener grandes flujos peatonales.

La realidad de otros países, entre ellos el Reino Unido y los Países Bajos, muestra que, a través de estrategias de movilidad para pacificar el tráfico y reducir velocidades, podríamos tener un gran impacto en el número de fatalidades por accidentes de tránsito. Un paso crítico para lograr este cambio es contar con un plan de movilidad.

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Carlos Salas Abusada

Cusco y Puno son dos de las pocas ciudades en el Perú que actualmente cuentan con planes de movilidad. En su definición más genérica, un plan de movilidad establece estrategias y acciones para mejorar la accesibilidad de las personas hacia los beneficios que ofrece la ciudad. Un plan de movilidad es distinto a un plan de transporte, ya que incluye una visión holística de accesibilidad, pensando no solamente en cómo nos movemos en la ciudad, sino también en cómo podríamos redistribuir equipamientos y usos para reducir las distancias de viajes entre la casa y el trabajo o la oficina. Además, estos planes priorizan al peatón, como el usuario más importante en la ciudad.

Este enfoque de hacer las ciudades en base a las personas forma parte de la Nueva Agenda Urbana de la ONU, firmada por el Perú en Quito en el 2016, lo que significa un elemento importante en las políticas de urbanismo en el ámbito nacional. Sin embargo, hasta ahora pocos municipios cuentan con planes para priorizar la movilidad.

A dos semanas de las elecciones municipales de Lima, el tema de la movilidad parece ser de baja importancia para muchos candidatos. Las campañas están concentradas más en la problemática de la seguridad. La seguridad es algo extremadamente importante, pero un alcalde de Lima tiene pocas competencias directamente relacionadas con ella. Este trabajo, más bien, corresponde a la policía y los distritos.

Por otro lado, se ignora también que el tema de la movilidad está directamente vinculado a la seguridad. En el 2016, por ejemplo, en todo el país hubo 7,7 homicidios por cada 100.000 habitantes. La cifra es preocupante, pero es relativamente baja en comparación con otros países de la región. En contraparte, según cifras del Banco Mundial, en el 2015 el Perú tuvo 13,3 fatalidades por accidentes de tránsito por 100.000 habitantes, una cifra relativamente alta en el ámbito de América Latina. Habiéndose celebrado ayer el Día Mundial sin Auto, todo esto aporta para concluir que un peruano tiene el doble de probabilidades de morir en un accidente de tránsito que siendo víctima de un homicidio.

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