Por Gino Alva Olivera

Armados con horquetas y hondas fabricadas en casa, los muchachos de distintos barrios de Breña se reunían por las tardes –después del colegio– para trepar juntos los cerritos de la huaca de Mateo Salado. Solo los más diestros lograban cazar alguna lagartija o escorpión, pero todos volvían a casa exhaustos, con la ropa empolvada y, sobre todo, con nuevas aventuras que contar. Así se divertían los adolescentes en la era pre-Internet.

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