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Manuel Muñoz-Nájar Villalobos (adelante, con sombrero) en la bodega de Miraflores. Fue hijo de Pedro, el migrante español que inició la tradición del anisado en la Ciudad Blanca. (Foto: archivo de la familia Muñoz-Nájar)

Manuel Muñoz-Nájar Villalobos (adelante, con sombrero) en la bodega de Miraflores. Fue hijo de Pedro, el migrante español que inició la tradición del anisado en la Ciudad Blanca. (Foto: archivo de la familia Muñoz-Nájar)

Resumen

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Manuel Muñoz-Nájar Villalobos (adelante, con sombrero) en la bodega de Miraflores. Fue hijo de Pedro, el migrante español que inició la tradición del anisado en la Ciudad Blanca. (Foto: archivo de la familia Muñoz-Nájar)
Manuel Muñoz-Nájar Villalobos (adelante, con sombrero) en la bodega de Miraflores. Fue hijo de Pedro, el migrante español que inició la tradición del anisado en la Ciudad Blanca. (Foto: archivo de la familia Muñoz-Nájar)
Por Diana Mery Quiroz Galvan

El penetrante olor del anís convive con los Muñoz-Nájar desde 1854. La historia que une indisolublemente la vida de esta familia con el grano de origen asiático se inicia con la llegada a tierras peruanas del patriarca español Pedro Muñoz-Nájar Cámara. Desde el Viejo Continente el viajero trajo consigo la fórmula secreta que daría vida al famoso Anís Nájar, una bebida que rápidamente se complementó con los suculentos potajes de Arequipa, ciudad donde se instaló junto a su esposa Manuela Villalobos Riveros. Años después Manuel, el mayor de los hijos varones de la pareja, sentó las bases de un negocio familiar que ya ha pasado por siete generaciones.