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Alberto Fuguet: "Oswaldo Reynoso era una especie de Mick Jagger peruano"

Uno de los últimos escritores en llegar a la FIL Lima 2018 fue el chileno, que presentó su libro "VHS"

Alberto Fuguet

En "VHS", Fuguet vuelve a la no ficción para contar su adolescencia y juventud cinéfila en los años 70 y 80, cuando descubría la ciudad de Santiago y vivía su despertar sexual. (Foto: Miguel Bellido / El Comercio)

Lo llama "la moral VHS". El escritor chileno Alberto Fuguet rebusca en sus viejos videos caseros para organizar su cinéfila memoria. Cintas de los años setenta y ochenta que algunos consideran basura pero en las que él encuentra sus primeros entusiasmos. Su libro "VHS (unas memorias)" es una celebración de un cierto tipo de cine y de experiencias de aprendizaje y goce, muy lejos del canon oficial. "Es difícil ser fan", comenta el autor de "Mala onda".

—La tecnología avanza tan rápido que recordar lo que vimos y cómo lo vimos hace 30 años parece parte de la prehistoria...
Hace treinta años, el mundo se parecía al de hace tres siglos. Los más jóvenes no pueden creer que no teníamos Internet ni Instagram, o que cada cine tuviera un nombre. No sé si el mundo era mejor o peor (probablemente era peor), pero tenía algo fascinante: mientras ahora vivimos rodeados de pantallas, antes solo había una (la televisión entonces no podía competir con el cine). Ha sido muy loco ver pasar los casets o los VHS. Los libros son la única tecnología obsoleta que sigue funcionando como antes.

—¿Siempre se ha considerado a los ochenta como "la década perdida". ¿Es justo?
Es lo que nos tocó. No todo era basura. En esa década nacieron los Pet Shop Boys y Madonna. Es muy de latinoamericano esnob pensar "a mí me tocó el peor país, la peor ciudad y la peor cultura. Hubiera sido mejor poeta si hubiera vivido en el París de los años 30. Eso es puro 'wishful thinking'. Uno tiene que hacerse cargo de lo que le tocó.

Alberto Fuguet

(Foto: El Comercio)

—Utilizas el enfoque 'queer' para interpretar el cine que viste de joven. ¿Ayudan las teorías sobre el género y la sexualidad para analizar la cultura de los años 70 y 80?
Sin ir más lejos, ¿qué hubiera pasado si a Donoso se lo hubiera analizado desde lo 'queer'? Cuando murió, era un escritor anciano, muerto en vida, a quien nadie leía. Hablaba de un Chile que daba un poco de asco. Hoy, Donoso se ha convertido en un 'escritor hot', cuyos códigos la gente entiende. Lo 'queer' es justamente una metáfora para hablar de lo raro, lo distinto.

—No solo de lo gay.
No solo de lo gay. Revisando películas que no son gay, uno puede descubrir miles de estos códigos. Yo nunca he seguido estudios 'queer', no tengo ese vocabulario especializado. Mi enfoque es mucho más autobiográfico.

—A la cultura disco le dedicas buena parte del libro, una producción cultural que fue tachada de "basura", entonces. ¿En qué radica su importancia?
Importante sobre todo viniendo de donde yo venía, que no me daba cuenta de que era gay en un principio. En la universidad yo tenía que escuchar música para llorar, para sentirte inteligente, para estar comprometido políticamente. Si escuchaba a Mercedes Sosa, era una persona de fiar. Si me gustaba Pablo Milanés, era alguien que iba a ayudar a cambiar el estado de las cosas. En cambio, la música disco celebraba el cuerpo, la diversidad, la ciudad, pero sobre todo, la felicidad, el pasarlo bien. Ese 'dance, dance, dance', no es tan reaccionario como se cree.

—Muchos creen que "Fiebre de sábado por la noche" es una película típicamente disco. Tú la llamas un "disco sin disco". ¿Cómo es eso?
Porque es blanca. La banda sonora es de los Bee Gees, australianos. El protagonista interpretado por Travolta era italiano y hetero. Si la hubiera protagonizado un puertorriqueño gay, con música de los suburbios, hubiera sido una película disco. Hoy es fácil hacer películas como "Boogie Nights", que es increíble pero falsa. En su momento, el mismo Martin Scorsese no se metió con lo disco, aunque es seguro que iba a la Disco 54 cuando terminaba de filmar "Taxi Driver". Para mí es importante cómo uno se hace cargo del presente, de la tecnología y de las tendencias.

Alberto Fuguet

(Foto: El Comercio)

—No podemos hablar de los años 80 sin la herencia de Spielberg. ¿Cuán importante es para tu "VHS"?
Si bien no es mi cineasta favorito, me identificaba, lo entendía y me entretenía. Siento que el mundo terminó siendo de los 'Stes': Steven Spielberg y Stephen King. Coetzee podrá ser mejor escritor que King, pero King entiende mucho más el mundo actual y cómo ha ido variando desde los 80. Una novela como "Carrie" y su película correspondiente se adelantaron al 'bullying' antes de que la palabra existiera. Spielberg y King terminaron apropiándose del mundo.

—Comentas que tu director favorito es Brian de Palma. ¿Crees que su estrella se ha apagado en las últimas décadas?
Para mí, lo mejor es el primer De Palma. Claramente, los tiempos cambiaron. Hoy, matar mujeres bonitas en la ducha y hacerlas sangrar está mal visto, pero De Palma lo hizo. Como nunca había visto películas de Hitchcock, porque en Chile no había cineteca, nunca supe que lo estaba imitando. Y eso es una enseñanza de De Palma para mí: puedes robar y, sin embargo, ser original, tener clase y estilo.

—La última edición de "Los inocentes" de Oswaldo Reynoso lleva un prólogo tuyo. ¿Cómo fue tu descubrimiento de su obra?
Nos conocimos en el Hay Festival de Arequipa. Me pareció el 'lado B' de Vargas Llosa. "Los inocentes" se complementa superbién con cuentos que a mí me impactaron mucho, como "Los jefes" y "Los cachorros". Reynoso era un 'showman', tenía un sentido de estrella, de rockero, una especie de Mick Jagger peruano. Fue lo suficientemente coherente para decir: "Bueno, si mañana llego a Buenos Aires, Santiago o Ciudad de México con mis libros, será en mis términos". Eso es muy respetable en tiempos en que la gente se vende muy rápido.

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