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"Años luz": nuestra crítica a la obra dirigida por Ernesto Barraza

La pieza de Federico Abrill se presenta en el teatro de la Universidad de Lima

"Años luz" es una obra poco concesiva con el espectador, de ritmo árido y lento marcado por un 'leitmotiv' musical que, si bien ayuda a la cohesión dramática de las cuatro historias que terminarán por confluir, se vuelve monótona. Los sketches se narran de manera deshilvanada, lo que dificulta el seguimiento de la trama. Son historias tristes sobre la ausencia de comunicación; historias al borde y hasta al límite de la existencia, como el de una suicida de la que nunca se sabrá lo que la motiva a semejante decisión. La historia de dos esposos que de tanto sobrentenderse ya no se hablan ni se acarician, que se van muriendo de desamor. La historia de un muchacho gay que deambula por el mundo fotografiándolo porque no sabe cómo regresar a casa. La historia de una terapia de caricias y sexo que ayuda a ralentizar el deterioro orgánico de una persona. Y, por último, la historia de un niño de la calle que vende caramelos para mantener su humilde y gélido hogar en la punta de un cerro, donde lo espera una madre inválida y muda que, con todo, se comunica mejor que esos otros personajes de clase media que se consumen cercados por una muralla de silencio e incomprensión.

Los hilos se entrecruzan, la botella con mensaje arrojada al mar en Dinamarca por Marit (Malu Gil Lohmann), la suicida, será recogida en una playa de Lima por Pedro (Sergio Armasco), el niño pobre. Las fotos que le tomó Mark (Gabriel Gil Sanllehí) a Marit en Copenhague (que la disuaden de saltar) las encontrará en el Perú Luisa (Natalia Cárdenas), la esposa de Rafael (Diego Lombardi), en la bolsa que su marido tomó por equivocación en el aeropuerto donde el muchacho homosexual intentó seducirlo. Karl (Francisco Cabrera), el terapeuta sexual danés, que con sus atenciones vuelve más lento el proceso de deterioro físico de Luisa, es hermano de Marit. Mark conoce en la playa a Pedro, quien lo invita a su humilde choza a que conozca a Sully (Julia Thays), su madre que siendo muda tiene el poder real maravilloso de hablar con el fotógrafo inglés, en su idioma, para ayudarlo a regresar a su hogar.

Al desconcierto producido por el uso del danés y el inglés intercalados en el diálogo, se suma la presencia de los actores fuera del cuadrilátero delineado en el piso del escenario para que suceda la acción dramática dentro, lo que distrae (quizás porque la acción fragmentada sucede en múltiples locaciones). En todo caso, la labor de los actores es notable desde el inicio, cuando hacen sus ejercicios actorales de calentamiento en pleno escenario, discurriendo dentro y fuera del espacio escénico, cambiando de vestuario y de disposición de los elementos escenográficos ante la observación del espectador.

Poco concesiva con el público pero llena de contenido, la pieza de Federico Abrill –dirigida por Ernesto Barraza con austeridad minimalista– debe ser armada como un Lego por el espectador, reuniendo las piezas dispersas para encontrarle sentido.

AL DETALLE:
Puntuación: 2/5 estrellas
Dirección: Ernesto Barraza Eléspuru.
Dramaturgia: Federico Abrill.
Elenco: Sergio Armasgo, Francisco Cabrera, Natalia Cárdenas, Gabriel Gil Sanllehi, Malu Gil Lohmann, Diego Lombardi, Julia Thays.
Temporada: hasta el 1 de octubre.
Horario: de jueves a lunes a las 8:30 p.m., y domingos a las 7 p.m.
Lugar: teatro de la Universidad de Lima (avenida Cruz del Sur 206, Surco).

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