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“Diálogos en Armenia en busca de la paz”, por Francisco Belaunde
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En Ereván, la capital de Armenia, los días 26 y 27 de mayo se llevó a cabo la segunda edición de Yerevan Dialogue, un foro de encuentro e intercambio de ideas que reúne a actores políticos y de las sociedades civiles, así como a académicos de gran parte del mundo. La primera edición se realizó el año pasado.
En esta oportunidad, las reflexiones, sobre temas muy diversos, se desarrollaron bajo el título, muy adecuado para estos tiempos, “Navegando en lo desconocido”.
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Fue interesante y enriquecedor escuchar a expositores de distinto pelaje y, en no pocos casos opuestos. Como diría nuestro canciller Elmer Schialer, estuvieron “perro, pericote y gato”. Así, participó el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, además de su par del país anfitrión, Nikol Pashinyan. También los ministros de Relaciones Exteriores Ararat Mirzoyan, Jean-Nöel Barrot, Péter Szijjartó y Varsen Aghabekian, de Armenia, Francia, Hungría y Palestina, respectivamente, así como el ministro de Asuntos Europeos de Eslovenia, Marko Stucin. Otros asistentes fueron Saaed Khatibzadeh, viceministro de Relaciones Exteriores de Irán y sus colegas de Eslovaquia, Ratislav Chovanec; de la Santa Sede, Miroslaw Stalisnaw Wachowski; Lasha Darsalia, de Georgia; Minna-Liina Lind, de Estonia; y Julius Pranevicius, de Lituania. A ellos se sumaron parlamentarios de Armenia, Reino Unido, Italia y Kenia.
Entre los otros expositores estuvieron más representantes gubernamentales, así como de organizaciones multilaterales y privadas, además de académicos provenientes de países tan diversos como Israel, Sudáfrica, Estados Unidos, China, Japón, Armenia y Rumanía, entre muchos otros.
En total, fueron más de 90 panelistas que abordaron temas tan variados como las oportunidades del Cáucaso del Sur, las relaciones trasatlánticas, el multilateralismo, el comercio mundial, la cooperación internacional, el medio ambiente, la inteligencia artificial, la democracia y los derechos humanos, entre varios otros.
Es significativo que un pequeño país como Armenia organice un evento de esta naturaleza con una convocatoria notable; ciertamente, detrás de este logro, hay un objetivo de política exterior. Recordemos que esta república se ha visto envuelta en un conflicto con su vecino Azerbaiyán desde poco antes de la independencia de ambos, como resultado de la disolución de la Unión Soviética en 1991. Más allá de las raíces históricas de tal enfrentamiento entre armenios, de religión cristiana, y azeríes, de credo musulmán, las guerras de las últimas décadas han estado centradas en el enclave armenio de Nagorno-Karabaj en territorio azerí. Inicialmente, les fue mejor a las tropas de Ereván, pero, en los últimos años, las de Bakú, fortalecidas por la riqueza petrolera y por el apoyo de Turquía, se impusieron, y tras la última batalla en el 2022, el enclave quedó vaciado de sus aproximadamente 120.000 habitantes, forzados a refugiarse al otro lado de la frontera.
Tras ese doloroso acontecimiento, el gobierno del primer ministro Nikol Pashinyan se ha puesto como meta alcanzar la paz definitiva con sus vecinos, renunciando a cualquier revanchismo y pese a las críticas internas de determinados sectores. Esa actitud pragmática aparece como la única posible. Está de por medio la soberanía del país, ante una envalentonada Azerbaiyán y la deserción del histórico aliado ruso. Se ha instaurado entonces una política de dejar atrás el pasado, aunque no se lo olvide, y mirar obstinadamente el futuro.
Precisamente, Pashinyan dedicó su intervención a dar un mensaje esperanzador sobre la construcción de la paz. De hecho, ya se ha negociado un acuerdo para ese fin. Solo faltan las firmas respectivas. El gobierno armenio quiere suscribirlo ya, sin más demora. Sin embargo, el régimen del presidente azerí Ilham Aliyev, ha exigido que se cumplan dos condiciones previas. La primera es que se disuelva el Grupo de Minsk, organismo internacional establecido por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) que medió en el conflicto de Nagorno-Karabaj. La segunda es que se elimine de la constitución armenia toda referencia a reivindicaciones territoriales que la pueden afectar.
Sobre lo primero, el gobernante armenio ha propuesto firmar el mismo día el acuerdo de paz y el fin de ese mecanismo. Sobre lo segundo, Pashinyan dijo que el Tribunal Constitucional de su país ya ha dado una primera indicación de que el acuerdo de paz sería conforme a la Carta Magna, lo que es un indicativo de que, cuando le toque pronunciarse sobre el texto ya suscrito, lo haría, muy probablemente, en el mismo sentido. Por lo demás, en el derecho internacional público, los tratados se imponen a las normas internas, incluida la Constitución.
Hay quienes sostienen que la exigencia azerí es solo un pretexto, pues, según se dice, aprovechando su superioridad militar, quisiera forzar la cesión territorial de una franja que una las dos partes de Azerbaiyán separadas por el territorio armenio. El gobierno de Pashniyan propone una vía férrea que una las dos partes, con la instalación de aduanas entre los dos extremos.
La pequeña buena noticia es que 12,5 kilómetros de la frontera común han sido delimitados, aunque faltan todavía alrededor de 1.000 kilómetros más.
Más allá de ello, Armenia, aprovechando su ubicación geográfica, también propone su proyecto Cruces de la Paz, que busca asegurar la conectividad terrestre, no solo con Azerbaiyán, sino también con Turquía, y otros países vecinos y cercanos. Ello contribuiría a consolidar la paz y favorecería la economía regional. En estos momentos, no solo la frontera con Azerbaiyán está cerrada, sino también la correspondiente a Turquía. Es decir, Armenia es un país en parte bloqueado.
El Yerevan Dialogue es una manera de trascender ese bloqueo parcial. Muchos de los participantes señalaron que nunca antes habían estado en Armenia. Se trata, in fine, de una vía, para los armenios, de reforzar el apoyo para su causa de paz.











