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El jefe de la agencia nuclear de la ONU está bajo amenaza en su relación con Irán
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Luego del alto el fuego pactado a inicios de la semana pasada entre Israel e Irán, la atención está puesta en la reanudación de las negociaciones entre Washington y Teherán sobre el programa nuclear iraní, cuya sexta ronda pactada para el 15 de junio en Omán se canceló debido a que dos días antes el estado hebreo dio luz verde a su ofensiva contra las instalaciones nucleares de la nación persa.
El miércoles 25 de junio el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó que esta semana autoridades de su país y de Irán se iban a reunir para llegar a un posible acuerdo, pero tal encuentro aún se ve lejano. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, ha sido muy enfático en las últimas horas: “Para que decidamos reanudar las negociaciones, primero tendremos que asegurarnos de que Estados Unidos no volverá a atacarnos militarmente durante lo que duren ellas”.
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La concreción de tal cita encuentra en estos momentos, además, un obstáculo adicional: la degradación de las relaciones entre el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y el estado iraní. “Las negociaciones para la finalización del programa nuclear iraní deben reanudarse lo antes posible, la cooperación con el OIEA debe retomarse”, urgió este martes 1 de julio la alta representante de la Unión Europea para la Política Exterior, Kaja Kallas.
Y es que si no se retoman las inspecciones a la infraestructura nuclear -a cargo del OIEA- del régimen de los ayatolas, poco se podrá avanzar. Y en esa encrucijada se encuentra hoy justamente el director general del organismo, Rafael Grossi.
Existen documentos que prueban que Rafael Grossi, jefe del OIEA, es un espía israelí y debe ser ejecutado. Obviamente esto no es verdad, pero apareció así en el diario ultraconservador iraní “Kayhan”, lo cual prueba que son serias las amenazas contra el líder de la agencia nuclear de la ONU, ya que “Kayhan” es considerada algo así como la voz del régimen de los ayatolas. Rápidamente, Francia, Alemania, Reino Unido y Argentina (país natal de Grossi) condenaron estos desafíos y reiteraron su pleno apoyo al organismo y al “cumplimiento de su mandato de manera independiente e imparcial”.
Si bien el embajador de Irán ante la ONU, Amir Saeid Iravani, dijo este lunes 30 de junio que no hay amenazas contra Grossi o sus inspectores, el estado persa ha suspendido la cooperación con el OIEA y prohibido la entrada del organismo en su territorio. Teherán dice que los informes del OIEA fueron uno de los “pretextos” para la reciente ofensiva israelí y ha urgido a Grossi a “adherirse” a los límites de sus funciones técnicas y “evite ser influenciado políticamente”. Las autoridades iraníes han deslizado incluso que el regreso de la agencia de la ONU puede tener “malas intenciones”.
En una entrevista vía zoom que sostuve hace un año con Grossi, él ya se quejaba de que Irán no daba respuesta a las múltiples interrogantes del OIEA y que “en forma ambigua y provocativa” algunos funcionarios de la nación asiática se ufanaban de que “ya tenían los huevos para hacer el pastel, y que solo nos falta hacerlo”. Agregó que está ligereza expresiva resultaba intolerable, ya que “otros países de la región pueden comenzar a hacer sus cálculos estratégicos y también pensar en dotarse de la mortífera arma nuclear”.
En los últimos días, Grossi ha advertido que, pese al daño sufrido en sus instalaciones de Natanz, Fordow e Isfahán, Irán puede empezar a producir uranio enriquecido (necesario para fabricar una bomba atómica) “en solo cuestión de meses”. También señaló que tras el cese de las hostilidades con Israel, le escribió al canciller iraní Araqchi diciéndole que tenían que sentarse en una mesa y le propuso viajar a Teherán de inmediato, pero que hasta ahora no ha recibido respuesta alguna. Y esa es una pésima noticia no solo para el alto el fuego tras la guerra de los doce días sino para todo el Medio Oriente.











