Presencia real del Estado

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Fronteras complejas

Andrés Gómez de la Torre Rotta

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¿Cómo puede mejorarse la presencia del Estado en la triple frontera amazónica?
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¿Cómo puede mejorarse la presencia del Estado en la triple frontera amazónica?

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Los recientes acontecimientos en la triple frontera amazónica –que incluyen declaraciones inaceptables, sobrevuelos de aeronaves tripuladas y reiteradas incursiones ilegales y sospechosas– no pueden pasar inadvertidos. Estos hechos, más allá de constituir provocaciones, representan una amenaza directa a la soberanía del Perú y exigen una respuesta inmediata, firme y coordinada.

El Gobierno debe recurrir sin dilaciones a la vía diplomática, al más alto nivel, para denunciar la actitud hostil y desproporcionada de quienes intentan poner a prueba nuestros límites territoriales. El silencio o la tibieza serían interpretados como debilidad; por el contrario, es momento de dejar claro que la defensa de nuestras fronteras no admite negociación alguna. En paralelo, se impone un refuerzo sustancial de la presencia del Estado en la zona. Esto implica:

Acción aérea: vuelos permanentes desde Iquitos, con aviones y helicópteros de patrullaje.

Presencia fluvial: despliegue de embarcaciones navales, cañoneras y plataformas itinerantes, asegurando el control de ríos estratégicos.

Vigilancia terrestre: patrullajes organizados por el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y puestos avanzados de observación.

A la par, la policía debe actuar con determinación para detener a todo intruso, investigar sus actividades y, de ser necesario, calificarlos como potenciales espías. No son exageraciones: las incursiones parecen contar con respaldo y dirección del más alto nivel político del país vecino.

Es cierto que en la Amazonía los suelos cambian y los ríos modifican sus cauces de forma natural, pero este fenómeno no otorga a ningún Estado el derecho de apropiarse de un solo metro de territorio ajeno.

Lo ocurrido debe servir de advertencia: nuestras fronteras, especialmente las más remotas, requieren atención constante, inversión en infraestructura de defensa, presencia sostenida de autoridades y mecanismos de vigilancia tecnológica. La soberanía no se preserva solo con tratados; se garantiza con presencia real y con la decisión inquebrantable de defenderla.

La historia nos ha enseñado que los descuidos en la frontera siempre se pagan caro. No repitamos los errores del pasado. El Perú debe hablar con una sola voz: firme, unida y dispuesta a defender cada centímetro de su territorio. ¿Y pensábamos que eran buenos vecinos?

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