Escucha la noticia

00:0000:00
Gaza y el nuevo tablero mundial
Resumen de la noticia por IA
Gaza y el nuevo tablero mundial

Gaza y el nuevo tablero mundial

Resumen generado por Inteligencia Artificial
La IA puede cometer errores u omisiones. Recomendamos leer la información completa. ¿Encontraste un error? Repórtalo aquí
×
estrella

Accede a esta función exclusiva

El conflicto en no tiene cuando acabar. Tras declarar que quiere controlar , pero no gobernarla, Benjamin Netanyahu fue más lejos: en una entrevista para la cadena i24NEWS, expuso una visión expansionista que incluye territorios de Egipto y Jordania. Las reacciones fueron inmediatas: varios países árabes denunciaron esta declaración como una agresión directa a su soberanía. Y, mientras el debate geopolítico se enciende, la violencia continúa sin pausa.

Esta guerra, con el desplazamiento forzado de los gazatíes, tiene la capacidad de generar inestabilidad en la región, con algunos resultados no deseados para Israel. Es bueno recordar la persistente capacidad de la causa palestina para unificar actores dispares, tradicionalmente enfrentados, como sunitas y chiitas, árabes y persas, bajo una sola enseña o narrativa común.

Yendo un poco más allá, la posibilidad de una ocupación total israelí, más los planes de crear una “ciudad humanitaria” en Rafah, sin duda radicalizará la posición de potencias regionales y países como Turquía o Qatar, y pondrá en peligro cualquier intento de orden regional estable. La idea de lograr una normalización de las relaciones entre Israel y el mundo árabe sin una solución aceptable a la causa palestina es irreal. El objetivo aparente, el desmantelamiento de la maquinaria de Hamás, ya ha sido alcanzado; ir más lejos sin duda agravará la situación.

¿Cuál es la postura de las potencias? China ha sido clara en su apoyo a una solución que pase por dos estados, mientras que Rusia ve limitada su proyección en la región por el conflicto en Ucrania, aunque ha sido crítica en su retórica contra Israel. Estados Unidos pareciera estar aún tratando de desempeñar un papel de mediador, pero su posición se ve debilitada por las propias marchas y contramarchas de la actual administración y por un liderazgo que ya no ejerce el poder estructural que tuvo, en lo que recientemente Keohane y Nye titularon como el “fin del largo siglo americano”.

La prolongación del conflicto también habla de un contexto internacional en el que el poderío estadounidense ha visto a varios de sus pilares tambalear: su presencia en organismos multilaterales y su rol como garante del orden internacional; su imagen como defensor de los derechos humanos y de los valores democráticos, asociados al llamado “poder blando”. Todo ello en un entorno de multipolarización del sistema internacional, con potencias contra hegemónicas como China y Rusia a la cabeza. Un ejemplo es la postura francesa de anunciar el reconocimiento de un Estado palestino, que se desprende directamente de esta transición hacia un mundo más fragmentado. Ya hubo un choque público entre Trump y Macron en torno a este tema, en una pública muestra de desacoplamiento de agendas entre aliados tradicionales.

Este tipo de acciones pone de manifiesto la erosión del consenso que tradicionalmente congregaba la acción de las democracias liberales bajo la hegemonía estadounidense. Estamos frente a una Europa que busca activamente una mayor autonomía estratégica, y que se distancia de un apoyo sin condiciones a Israel.

Así, observamos un proceso de fragmentación y transición del poder internacional que afecta las respuestas ante crisis como la de Gaza, que además se ve afectada por factores que operan en más de un nivel. Uno de los más inquietantes es que tanto la seguridad como las rutas estratégicas del comercio mundial parecieran estar condicionadas por las decisiones de la extrema derecha israelí, cuyo apoyo Netanyahu necesita para su propia supervivencia política.

¿Quiénes pierden? En contra de lo que podría pensarse, el gran perdedor en este conflicto será Israel, que está quedando muy aislado políticamente, al tiempo que estas victorias militares en el corto plazo no necesariamente contribuyen a su seguridad en el mediano y largo plazo. También pierden los países dependientes de importaciones alimentarias o energéticas, que verán deteriorarse su balanza comercial por la disrupción en los flujos del comercio.

Lo mismo sucede con Estados Unidos, cuyo liderazgo se ve comprometido por aparecer prácticamente como un rehén de la política israelí en la región, lo que se ve acompañado por su retirada parcial de la gobernanza global y su incapacidad para liderar respuestas consensuadas, como el mencionado impase diplomático con Francia, que parece confirmar lo anterior.

Un eventual desbordamiento regional, producto de una ocupación total de Gaza, pondría en peligro la estabilidad de rutas de alta importancia, particularmente en materia de energía, como aquellas que van por el estrecho de Ormuz, lo que ha sido alertado por muchas potencias, con China a la cabeza, por las ya mencionadas razones de corte geoeconómico. En un mundo interconectado, el destino de Gaza no es solo una cuestión regional: es un factor que podría redefinir el equilibrio económico y geopolítico global.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

César Llona Silva es docente de la carrera de Negocios Internacionales de la Universidad de Lima.

Contenido Sugerido

Contenido GEC