Con el título de esta página Ronald Bruce Saint John acaba de publicar un libro complementario de su ya clásico “La del ”, libro emblemático que se publicó en el año 1992 y que, al igual que este, ha correspondido su traducción a instituciones vinculadas a la práctica diplomática peruana.

Hay que celebrar que St. John haya querido actualizar su excelente obra primigenia, rica en datos, de fina observación e inteligente interpretación con un texto que nos traiga su visión del acontecer de la diplomacia desde 1990 hasta prácticamente el gobierno de Pedro Castillo.

Lo hace en capítulos tipo estanques que no se comunican y que a veces parecen no ser escritos por la misma persona o, si lo fuera, no cabe duda de que se deja llevar por simpatías y fobias muy reconocibles a través de afirmaciones no sustentadas y en algunos casos fáciles de refutar.

En esa perspectiva, me ha llamado mucho la atención la forma como se refiere al segundo gobierno de. Desde su aproximación al manejo económico hasta a la política exterior ejercitada. Así, afirma que “el Perú experimentó un fuerte crecimiento económico… sin embargo, las políticas gubernamentales tardaron en reducir los niveles de pobreza, dejando a la mayoría de los peruanos cada vez más descontentos”. No dicen eso las cifras que señalan el 2005 con una pobreza del 55,6% y que en el 2011 terminó con 27,8%, una reducción de casi cinco puntos porcentuales por año. En términos de PBI en dólares, Alan García recibió el país con un PBI de US$74.000 millones y lo dejó en US$171.000 millones, casi US$100.000 millones más. Y la tasa de crecimiento del 6,8%, casi el doble del promedio de América Latina. No menos importante fue la tasa de crecimiento promedio de la inversión privada que fue del 15,4% y la pública del 16,8%.

Pero no queda ahí la cosa, sin justificar con datos y cifras el autor afirma que García no abordó los problemas sociales acuciantes, como los derechos de los indígenas, la corrupción, etc, y trae a colación un impase con una empresa minera de La Oroya, para poner a todos en el mismo saco (cultivadores de coca, mineros informales, grupo escindidos de Sendero Luminoso) para concluir que, por su escasa popularidad (siempre fue más alta que la que tuvo Toledo desde el segundo año), y sin mayoría legislativa se resignó a un gobierno disfuncional.

No menciona el autor la herencia de Toledo en materia de política exterior. El Perú, distanciado con Chile por la amenaza de llevar a la CIJ el problema marítimo, también con Venezuela por el apoyo de Chávez a la candidatura de Humala, igual con Brasil al retirar al Perú del Grupo de los 20 de la ronda Doha de la OMC como con China a la que ofreció reconocerla como economía de mercado, cosa que no cumplió. Finalmente, con Japón, con el que había fujimorizado sus relaciones. Todos esos desaguisados tocó recomponer.

También se ataca a García por no asistir a todas las cumbres de la Comunidad Sudamericana de Naciones y de UNASUR. Pues no fueron las únicas a las que no asistió, a la Asamblea General de la ONU solo fue una vez en sus cinco años, faltó a la primera reunión de APEC y así.

Hubiera querido que este nuevo libro de Ronald Bruce St John tuviese el rigor y objetividad de su primera obra. Es de lamentar que este no ha sido el caso y, por lo tanto, que nos recuerde al Cervantes que aconsejaba no hacer segundas partes.


*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

José Antonio García Belaunde es Excanciller de la República

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