El 2024 no fue un año muy grato para los peruanos en la mayoría de frentes: podríamos mencionar, por ejemplo, la inseguridad que se desbordó en todo el país, a vista y paciencia de nuestras autoridades, con estados de emergencia casi inútiles y medidas completamente desarticuladas; o los escándalos políticos que no dejaron (ni dejan) de pulular, recordándonos la desastrosa condición en la que se encuentran los poderes más importantes del Estado y que perdurará en este año preelectoral. Fueron pocos los motivos que nos dejaron razones para celebrar o buenas noticias para destacar. Y entre ellos está, aunque con matices, el buen desempeño de la economía peruana, pues, a pesar de todo, nuestro país ha sabido recuperarse de la recesión económica del 2023. Faltan menos de tres semanas para conocer el dato preciso de crecimiento del al cierre del 2024, pero la información adelantada y el comportamiento de los indicadores hasta noviembre nos han demostrado que los pronósticos oficiales están muy cerca de cumplirse, y todo apunta a que este 2025 podríamos esperar también resultados positivos en dicho frente. También es destacable el resultado de la inflación, que mantuvo su tendencia descendente, con un cierre dentro del rango meta de entre 1% y 3% (gracias, ); un alivio para los bolsillos de las familias peruanas.

Las buenas nuevas hay que reconocerlas cuando corresponde, pero también hay que recordar aquellos indicadores que siguen siendo una fuente de preocupación. Y uno de los mayores riesgos que se vislumbra en el panorama económico local, y que debemos advertir cada vez que sea posible, es el elevado nivel de déficit fiscal con el que se habría cerrado el año pasado y que amenaza el gran trabajo de fortalecimiento macroeconómico que han liderado nuestras autoridades económicas en las últimas tres décadas.

Con un déficit fiscal de 3,6% del PBI, según información preliminar difundida por el nuestro país incumplirá la regla situada por ley, pese a las modificaciones que impulsó el para elevarla y, supuestamente, cumplirla. Por otro lado, como ha recordado el CF dos días atrás, este resultado negativo implicará que se concreten dos años consecutivos en los que el Perú incumple su regla fiscal, estableciendo un mal precedente frente a las agencias calificadoras y ante los mercados externos que analizan dicho indicador. Como mencionó , presidente del BCR, estamos viendo un nivel de déficit fiscal muy cercano a lo que se veía a inicios de los 90, sin considerar la pandemia, tratándose así de una cifra insostenible para la economía peruana.

El déficit fiscal es, sin duda, uno de los mayores retos que enfrentará el MEF este 2025 y para lo que será clave que sepa decirle no al cada vez que pretenda aprobar leyes antitécnicas que impacten las finanzas públicas nacionales. Iniciativas que, por cierto, pueden predominar en un año previo a las elecciones generales, mientras los partidos políticos buscan ganar popularidad. Ojalá que el MEF esté a la altura de este desafío.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Paola Villar S. es Productora editorial y periodista

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