Las elecciones generales celebradas este domingo en supusieron la confirmación de una noticia que, considerada desde cierto punto de vista, es más importante que la de la definición de los dos candidatos que disputarán la segunda vuelta en octubre, y . Esa noticia es que, tras 20 años de haber accedido al poder de la mano del dirigente cocalero Evo Morales y permanecido en él casi ininterrumpidamente por medios no siempre legítimos, el Movimiento al Socialismo () ha sido vapuleado por los votantes de nuestro vecino del sur. Más allá de los devaneos de Morales acerca del voto nulo, el rechazo a las consecuencias del modelo político y económico que él instaló en el país dos décadas atrás ha sido abrumador. Mientras Paz (un senador de centroderecha) cosechó más del 32% de los sufragios, y el expresidente (de derecha también) Quiroga, el 27%, el postulante por el MAS, Eduardo del Castillo, quedó sexto con el 3% de los votos. Ni siquiera el promocionado “disidente” del oficialismo, Andrónico Rodríguez, consiguió un resultado decoroso: llegó cuarto, con algo más del 8%.

Lo ocurrido tiene entre sus causas ciertamente la guerra sin cuartel entre el actual mandatario boliviano, Luis Arce, y su antiguo mentor, el propio Evo Morales. Pero la más importante es sin duda la debacle económica en la que los sucesivos gobiernos de esos dos personajes sumieron a la nación del altiplano. Con su política de nacionalizaciones y subsidios, el MAS ha generado una inflación interanual del 25%, ha agotado prácticamente las reservas en dólares y se está quedando sin gas, otrora su producto de exportación más importante. Desencantados y hartos del discurso populista, los bolivianos parecerían haber dicho: ya no MAS… Y es claro que este gesto de hastío alcanza a todo el llamado “socialismo del siglo XXI”, que ya había sido castigado en Ecuador, y que solo se mantiene en el poder en Venezuela y Nicaragua por la vía del dolo electoral. En esos dos países, como se sabe, lo que existe son dictaduras.

La segunda vuelta determinará quién encabezará la costosa marcha atrás de las políticas y timos constitucionales que empezaron con la llegada del dirigente cocalero al Palacio Quemado, pero la partida de defunción del modelo fue expedida este domingo. Esperemos que los epígonos locales de los ruidosos aventureros que hoy enfrentan las consecuencias de su irresponsabilidad populista estén tomando nota de lo sucedido.

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