
La semana pasada, en Apurímac, la presidenta Boluarte tuvo un exabrupto que puso en entredicho sus presuntas convicciones democráticas. “Basta de palabras discrepantes”, vociferó dirigiéndose a sus críticos, en abierta ignorancia de que la discrepancia frente al poder es un derecho ciudadano y un elemento constitutivo de la democracia. Ayer, sin embargo, durante una reunión multisectorial para coordinar acciones frente a las lluvias e inundaciones, tuvo una intervención ajena al tema en la que atacó, sin mayores argumentos, al periodismo y a la fiscalía, dejando la sensación de que, más que exabruptos, lo que estamos viendo es una sistemática conducta autoritaria.
A raíz del allanamiento a la casa del Ministro del Interior, Juan José Santiváñez, en el contexto de la investigación sobre abuso de autoridad que se le sigue, la mandataria acusó, en efecto, a la “mala prensa” de “jugar en pared” con el Ministerio Público “para dar un golpe de Estado blanco (sic)”. Se trata, afirmó, de un acoso político a su gobierno; y añadió que, desde el día en que Santiváñez asumió la cartera de Interior, “algunos medios de comunicación no han tenido descanso”. Una frase que, hay que decirlo, de alguna manera se ajusta a la verdad… Pero porque no ha habido semana en la que el fracaso de la lucha contra el crimen no se haya hecho evidente, obligando al periodismo a dar cuenta de ello.
Sostuvo asimismo la jefa del Estado que el programa “Cuarto Poder” y Canal N no han cesado de hostigarla ni a ella ni a su familia desde que llegó a Palacio, repitiendo cualquier noticia que la comprometa “así sea falsa”. Una acusación ante la que solo cabe preguntarse si acaso las revelaciones relacionadas con el caso Rolex o con su desaparición de la escena oficial con ocasión de una intervención quirúrgica fueron falsas. Lo falso, más bien, fueron las explicaciones ofrecidas por ella al respecto. En el fondo, pues, es como si la gobernante hubiera vociferado en esta oportunidad: “¡Basta de fiscalizaciones!”.
¿Qué pretende la presidenta? ¿Qué los medios y el Ministerio Público dejen de cumplir con sus obligaciones porque incomodan al gobierno? En lugar de eso, en realidad, ella y su entorno deberían enfrentar a la prensa (algo que, en su caso, no ha sucedido en más de cien días), acudir a las citas de la fiscalía y no guardar silencio durante las mismas. Lo demás es solo entregarse a un delirio autoritario.

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