Editorial: El genocida ha muerto

La extinción del cabecilla terrorista Abimael Guzmán debe servir para recordar que la lucha contra el terrorismo no ha acabado.

    Editorial El Comercio
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    de El Comercio

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    "Abimael Guzmán no fue un luchador social ni un romántico guerrillero, fue un genocida responsable del episodio más violento de la historia del Perú, y así debe ser recordado para siempre"(Foto: GEC).
    "Abimael Guzmán no fue un luchador social ni un romántico guerrillero, fue un genocida responsable del episodio más violento de la historia del Perú, y así debe ser recordado para siempre"(Foto: GEC).
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    Ayer se confirmó el fallecimiento del peruano más infame del que se tenga registro y uno de los asesinos más brutales del siglo XX en todo el planeta, Abimael Guzmán Reinoso. El fundador y cabecilla de Sendero Luminoso, el movimiento terrorista más sanguinario de la región, pasó sus últimos 29 años de vida en prisión, al amparo de los derechos humanos que le garantizó el mismo Estado que él juró destruir. Que su muerte haya acaecido en la víspera de otro aniversario de su histórica captura (una que se consiguió dentro de los marcos de la democracia y con un solo disparo) debe servirnos como un recordatorio de que las armas de la ley peruana prevalecieron por encima del terror y la protervia que los senderistas empuñaron.

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