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Historias de fantasmas
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Un aporte de campaña atribuido a una persona que ya había fallecido cuando la entrega de dinero se produjo es, por definición, un aporte fantasma. Y esa es exactamente la situación que la ONPE ha detectado con relación a Juntos por el Perú (JPP) en el contexto de las elecciones generales del 2021.
La expresión, sin embargo, sirve también para denominar los dineros o especies que aparecen en los registros presentados por un partido como aportes de determinados ciudadanos, pero que luego son negados por ellos mismos: otra práctica en la JPP parecería haberse especializado, pues son 16 los casos de ese tipo en los que la mencionada organización política –que cinco años atrás postuló a Verónika Mendoza a la presidencia y a su actual responsable máximo, Roberto Sánchez, al Congreso– está comprometida. Aunque el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) tiene que resolver todavía el asunto de manera definitiva, la multa que hasta ahora enfrenta ese partido es de más de S/170 mil.
La pregunta central que toda esta circunstancia levanta es, por supuesto, ¿a qué obedece tanto interés por ocultar la fuente original de tales o cuales fondos? La sospecha que viene a la mente es la de que se quiere evitar que después puedan interpretarse determinadas medidas aprobadas o promovidas desde el Legislativo o el Ejecutivo como retribuciones por los aportes recibidos.
JPP no es, no obstante, el único conglomerado que compitió en los últimos comicios y que tiene problemas con los aportes de campaña. Existen otros siete que, tras pasar bajo la lupa de la autoridad electoral, han recibido también multas, aunque no tantas ni por sumas tan elevadas. Partidos como Renovación Popular, Fuerza Popular y Perú Libre, entre otros, han sido sancionados por faltas tan diversas como las de utilizar los aportes para fines distintos a los permitidos por ley, no presentar libros de contabilidad o recibir aportes no bancarizados. El total de esas multas es de más S/1,6 millones.
La principal preocupación que este cuadro despierta tiene que ver con la circunstancia de que todos esos partidos participan también en la actual competencia electoral, y si antes manejaron con opacidad y de manera irregular los aportes financieros que recibieron, no es descabellado temer por un comportamiento semejante en estas elecciones. Tratándose, además, de un fenómeno tan difundido, la preocupación se extiende al resto de partidos y alianzas que medirán fuerzas el 12 de abril. Nadie quiere que pasada la agitación de nuestra concurrencia a las urnas y distribuidos los cargos en el Ejecutivo y el Legislativo, nos vuelvan a contar inverosímiles historias de fantasmas.

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