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En boca del mundo
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El último jueves, el restaurante peruano , del chef , tocó la gloria. Después de años escalando puestos, esta vez fue elegido como el mejor de todos en la lista The World’s 50 Best, que anualmente es elaborada por un grupo de más de 1.000 expertos.

El reconocimiento a Maido llega, además, solo dos años después de que un restaurante peruano alcanzara la cima por primera vez: Central, de Virgilio Martínez. Y, aparte de Maido, la lista de este año incluye a otros tres restaurantes peruanos: Kjolle, de Pía León (puesto 9); Mérito, del venezolano Juan Luis Martínez (puesto 26); y Mayta, de Jaime Pesaque (puesto 39). Ningún país de América Latina tiene tantos representantes en la lista de los mejores y, a escala mundial, solo dos países han logrado meter más restaurantes que el Perú: Italia y Tailandia (ambos con seis).

Es, sin duda alguna, un orgullo para todos los peruanos que la cocina nacional esté, literalmente, en boca del mundo. Y que esta presencia, además, haya dejado de ser una excepción para convertirse en una sana costumbre. Con lo que nos cuesta ponernos de acuerdo hasta en las cosas más básicas, la cocina parece ser el único consenso que hemos encontrado y la única fuente de orgullo en un país en el que vivir, cada vez más, se parece a un acto de sobrevivencia frente al crimen organizado, la crisis institucional, los apetitos políticos y las propuestas programáticas que parecen esforzarse más en dividirnos que en integrarnos.

La gastronomía peruana, la que viene deslumbrando a propios y extraños, vale recordar, no es monopolio de una sola persona, de una sola ciudad ni de una sola región. Su calidad estriba en la mezcla de una serie de tradiciones e ingredientes que unen el cálido norte con la biodiversidad de la Amazonía, y las alturas del mundo andino con la riqueza del mar de Grau. Pero, además, el caso de Tsumura (peruano de orígenes okinawenses) es un recordatorio de que somos también un país de migrantes y que esa herencia no tiene por qué ser un lastre, sino más bien una bendición. Una enseñanza que haríamos bien en recordar en momentos en que surgen discursos que estigmatizan a los migrantes venezolanos o que ensalzan la superioridad de la supuesta “raza cobriza”. Por no hablar de los beneficios que la gastronomía genera en términos de empleo, aporte a la economía y atracción del turismo.

Ojalá que los éxitos cosechados por la cocina peruana en el mundo nos convenzan de todo aquello que podemos lograr si dejamos de lado las diferencias y nos unimos.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Editorial de El Comercio

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