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Esta semana concluyó el plazo para que las organizaciones políticas inscriban a sus candidatos para las elecciones generales del próximo año. Como parte de ese proceso, los partidos registraron también las hojas de vida de sus aspirantes y un primer vistazo de estas ha hecho sonar algunas alarmas.
Por ejemplo, Mario Vizcarra, quien postula a la presidencia por Perú Primero, consignó una condena por corrupción entre sus antecedentes. El caso se remonta a una “doble remuneración” que Vizcarra percibió –pese a que estaba impedido de hacerlo– más de dos décadas atrás, cuando era funcionario del desaparecido CTAR-Moquegua (hoy Gobierno Regional de Moquegua) y mantuvo en simultáneo una relación contractual de casi siete meses con el PNUD. Pese a que la pena ya fue cumplida, se trata de información que los electores deberían tomar en cuenta, más aún considerando que el señor Vizcarra llegó a la campaña debido a que su hermano Martín –actualmente preso por corrupción– no pudo postular por sus problemas legales.
Por otro lado, tres candidatos a vicepresidentes consignaron sendas sentencias en sus hojas de vida. Uno es el extitular del Congreso y actual candidato a la segunda vicepresidencia por Alianza para el Progreso, Alejandro Soto, quien entre el 2006 y el 2013 recibió tres condenas por difamación; un récord nada halagüeño para quien aspira a ocupar un alto cargo. Otro nombre que aparece en la lista es el del aspirante a la segunda vicepresidencia por Podemos Perú, Raúl Noblecilla. El abogado de Betssy Chávez fue condenado por “lesiones culposas” tras haber ocasionado un accidente de tránsito por manejar ebrio en el 2010, una irresponsabilidad que cada año causa decenas de siniestros en nuestro país, como la tragedia de Camaná del mes pasado, que dejó casi 40 fallecidos por culpa de un conductor alcoholizado. Finalmente, Dina Hancco, candidata a la segunda vicepresidencia por el partido Obras, fue condenada en el 2017 por contrabando, una de las economías ilegales que más dinero mueven en el país.
Uno podría pensar que los candidatos a la vicepresidencia como Soto, Noblecilla y Hancco no requieren mucha atención. Ello, sin embargo, sería un error. En los últimos diez años, estos han sido más importantes que los propios presidentes (los dos mandatarios que más tiempo han gobernado desde el 2015, Martín Vizcarra y Dina Boluarte, fueron elegidos inicialmente como vicepresidentes), por lo que conviene examinarlos con sumo cuidado.
Se trata, en buena cuenta, de evaluar con rigor a los integrantes de las 36 fórmulas presidenciales en carrera. De lo contrario, más que autoridades, lo que estaremos escogiendo en las urnas no será otra cosa que futuros inquilinos del penal de Barbadillo.

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