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Vizcarra y la ley de la calle, por Pedro Tenorio

“Vizcarra ganará esta partida porque intenta sintonizar con las demandas mayoritarias”.

Pedro Tenorio Analista político

Martín Vizcarra

“En un tema clave, como es la lucha anticorrupción, el mandatario sí reacciona en sintonía con una mayoría que exige respuestas”. (Foto: Presidencia de la República)

No es que el presidente Martín Vizcarra sea un “mago” de la estrategia política, es que la oposición hace muy mal su trabajo, confunde sus prioridades y defiende lo indefendible quedando mal parada ante un amplio sector del país. Decir esto no nos hace gobiernistas: Vizcarra tiene urgencias en la gestión del Ejecutivo que aún no atiende o lo hace deficientemente, y eso tendrá un costo político que tarde o temprano se hará evidente. Pero en un tema clave, como es la lucha anticorrupción, el mandatario sí reacciona en sintonía con una mayoría que exige respuestas.

Lo vemos ahora: ante una evidente –y grave– metida de pata del fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, el fujimorismo fue incapaz de anticipar el escenario de crisis que esta produciría dejándole el terreno libre a Vizcarra para que se opusiera activamente al intento de descabezar al equipo que tiene a su cargo el Caso Lava Jato. Lo mismo el Apra. Ambas organizaciones se la jugaron por Chávarry, invocaron una “separación de poderes” y repitieron justificaciones para el cese de los fiscales José Domingo Pérez y Rafael Vela. Menos de 48 horas después todos debieron retroceder ante la reacción popular y, más importante, la propia rebeldía de decenas de fiscales –¡no solo de Lima, ojo!– que dejaron solo a su jefe. Un papelón que va más allá del anecdotario, pues tendrá consecuencias políticas y legales para el país.

Tampoco se trata de que el Congreso apruebe tal como ha sido remitido el proyecto de ley que declara en emergencia al Ministerio Público. El Parlamento debe darle el marco constitucional que necesita, pero lo que no puede hacer es sacarle la vuelta a la reforma. Lo que resulta paradójico es cómo el fujimorismo de hoy parece repetir la fórmula que llevó al fracaso y su casi extinción a los partidos que gobernaron el Perú en la década de 1980-1990: blindar a la corrupción y desoír las demandas de la gente. Quien sí parece tomar conciencia de esto último es Keiko Fujimori, quien prefirió corregir públicamente a su bancada, sus voceros y simpatizantes en redes que se la venían jugando por Chávarry. Keiko se sumó sorpresivamente al pedido de Vizcarra impidiendo así que sus seguidores “recapaciten y corrijan” su postura inicial. Sin coordinación previa, los trató como si fueran más un estorbo en su estrategia judicial de defensa que un activo con peso político.

Vizcarra ganará esta partida porque intenta sintonizar con las demandas mayoritarias de la población. Es la ley de la calle, que sustituye a la bancada y el partido propio de los que carece. ¿Hasta cuándo durará? Es un albur. Nadie puede predecirlo y eso, incluso, lo vuelve muy riesgoso para el propio mandatario.

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