Por Nora Sugobono

El tenedor se eleva más y más mientras enredo la larguísima pasta negra (a base de tinta de calamar) que llega colmada de una salsa al vongole muy peculiar. Continúo enroscando hasta tener el bocado perfecto -la pasta nunca, pero nunca se corta- y me lo llevo a la boca de un solo movimiento. No era lo que había imaginado, o al menos no era la versión más tradicional de este plato, pero era justo lo que necesitaba: el factor sorpresa.