Por Jaime Bedoya

Al cabo de algunas décadas de escuchar referirse a las contiendas electorales bajo calificativos que oscilan entre “fiesta democrática”, “celebración cívica” y demás versiones celebratorias que han sido groseramente desmentidas por la realidad de sus tristes resultados, uno empieza a considerar que hay una razón escondida detrás de la represiva Ley Seca que amplifica la aridez de la contienda electoral.