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La historia del “chino de la esquina” y los bodegueros que luchan por mantener vivo este noble oficio
Quienes años atrás gobernaban el comercio del barrio detrás de sus mostradores, hoy intentan seguir adelante con el mismo espíritu de trabajo y buen humor, a pesar de las dificultades que deben afrontar día a día. Muchos de ellos se han ganado el corazón de sus vecinos por haber hecho de la atención al público un don. No ven en la proliferación de modernos minimarkets a un enemigo por vencer, sino una oportunidad para reinventarse y mantener viva la tradición del noble oficio que ejercen.
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Desde que llegaron al Perú a mediados del siglo XIX, los migrantes chinos siempre se caracterizaron por su habilidad para los negocios. En un principio, su población se concentraba en el Barrio Chino, pero a partir de 1930 decidieron establecerse en diferentes distritos de Lima, como Miraflores, Breña, Pueblo Libre y San Isidro, donde abren pequeñas tiendas. Es así como surgen las bodegas del “chino de la esquina”, muchas de las cuales subsisten hasta nuestros días.
“Mi rutina es la misma desde hace 40 años: atender al público, recibir mercadería, administrar el negocio, comprar, salir. Es un trabajo mil oficios. Lo único que ha cambiado es la tienda, que se ha multiplicado por diez en comparación a cómo empezó”, nos dice Jaime Chan, actual dueño de la bodega Chans, en Miraflores. Este negocio lo heredó de su padre, un ciudadano chino que en 1945 adquirió el espacio ubicado en el cruce de las calles Piura y Coronel Inclán. Hoy en día, es una de las bodegas más antiguas del barrio, con casi 80 años de funcionamiento.
La bodega Chans se ubica en la calle Piura 299, Mirafllores.
Don Jaime aún no piensa en el retiro, pero ya sabe qué hacer cuando llegue ese momento. “Mis hijos ejercen sus profesiones, así que no creo que ellos me releven. Lo más probable es que tenga que traspasar la bodega”, concluye.
Claudio y Alberto Chavesta
Heredaron el negocio de manos de su mamá, una mujer chiclayana que hace 25 años abrió una tienda en la urbanización Maranga, en San Miguel. Aunque doña Rosita —como también se llama la bodega— ya no está entre nosotros, sigue presente en el corazón de sus hijos Claudio y Alberto, quienes tienen muy en cuenta todo lo que aprendieron de ella. “Es nuestra inspiración”, comentan.
La bodega Rosita se encuentra en la calle Martín de Murúa 180, urbanización Maranga, en San Miguel (altura de la cuadra 26 de la Av. La Marina).
Ambos hermanos trabajan en equipo. Claudio, con estudios en computación e informática, ve toda la parte tecnológica y redes sociales. “Estamos en Facebook, Instagram y, últimamente, le estamos poniendo punche a TikTok”, nos dice.
Alberto, administrador de profesión, se encarga de las cuentas y los inventarios. “El objetivo es que la bodega siga creciendo. Es nuestra manera de honrar la memoria de nuestra mamá”, finalizan. //
Yulisa Torres
Sobre la cuadra uno del jirón Salaverry, a pocas cuadras del mercado de Magdalena, Yulisa Torres abrió La Bodeguita hace ya 18 años. Luego de salir embarazada, se tomó un tiempo de licencia para dedicarse a su pequeña hija, pero cuando quiso reintegrarse al mercado laboral, encontró muchas dificultades. Ante esa situación, resolvió abrir su propio negocio en el primer piso de su casa.
Esta mujer emprendedora asegura que esa fue la mejor decisión que pudo tomar en su vida. “Gracias a la tienda, he podido darle estudios universitarios a mi hija, lo cual me da una enorme satisfacción”, nos dice Yulisa, quien en 2022 fue reconocida como la mejor bodeguera del país por la Asociación de Bodegueros del Perú.
La Bodeguita de Magdalena queda en jirón Salaverry 111, Magdalena (altura de la cuadra 39 y 40 de la Av. Brasil).
En medio de la dura competencia, ella es consciente de que tiene que innovar permanentemente “para no desaparecer”. Sabe bien cuáles son sus fortalezas: “La gente aún está acostumbrada a ir a la bodega del barrio porque es el negocio con el que nacieron. Entonces, se genera una confianza y un acercamiento con los vecinos que se ha construido con los años y nos ayuda a permanecer en el mercado”, apunta.
Jorge Enríquez
Creció viendo a sus padres vender gaseosas y cervezas al por mayor en su barrio de Bellavista, en el Callao. Cuando tomó las riendas del negocio familiar, en 2002, decidió darle un giro y convertirlo en una surtida bodega a la que le puso Minimarket George.
“Yo le liquidaba a mi mamá todo el dinero que se vendía. Lo extra que me quedaba, lo juntaba en una alcancía para poder hacer crecer la tienda. Primero compré una vitrina, luego un estante e invertí en adquirir nueva mercadería. Fue así como empezó todo”, nos dice Jorge, considerado el mejor bodeguero del país en 2023.
La dirección del Minimarket George es avenida Insurgentes 1117, Bellavista, Callao.
Gracias a sus años de experiencia, este emprendedor se ha convertido en vocero de la Asociación de Bodegueros del Perú, donde comparte consejos a otras personas que como él quieren incursionar en el negocio de las bodegas. “Muchos colegas piensan que uno debe competir por el precio. Es decir, si mi competencia vende un producto a cuatro soles, yo lo tengo que hacer a tres soles. Pero pienso que no debe ser así. No se trata de lo que vendes, sino de cómo los vendes. Uno debe competir por el trato, por la atención que se le da al cliente”, afirma. //
Además…
15 mil bodegueros de Lima Metropolitana y el Callao forman parte de la asociación hoy en día. Constantemente, brindan asesorías.
3 mil negocios de este rubro han cerrado en el último tiempo, producto de las extorsiones y la inseguridad que se vive en la capital.
500 mil bodegas operan aproximadamente en todo el país, de las cuales 5 mil quebrarían en los próximos meses.