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El hallazgo que cambió la arqueología peruana: cien años de la cultura Paracas, cómo fue la hazaña de Julio César Tello y cuál es su impacto fuera del país
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El hallazgo que cambió la arqueología peruana: cien años de la cultura Paracas, cómo fue la hazaña de Julio César Tello y cuál es su impacto fuera del país

El hallazgo que cambió la arqueología peruana: cien años de la cultura Paracas, cómo fue la hazaña de Julio César Tello y cuál es su impacto fuera del país

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Nadie lo sabía aún, pero debajo del desierto de , escondida entre la arena caliente y los fuertes vientos que la moldean, una civilización se encontraba dormida.

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A principios del siglo XX —o incluso antes—, unos tejidos precolombinos elaborados con una destreza nunca antes vista, junto con piezas artísticas de origen desconocido, llegaron a manos del , médico y arqueólogo ya reconocido por entonces por haber descubierto la cultura Chavín. Maravillado por la sofisticación y la riqueza cromática de estas piezas, Tello —con olfato detectivesco y haciendo las preguntas precisas a los contactos indicados— logró identificar su probable lugar de origen: una cultura hasta entonces desconocida, asentada en la península de Paracas.

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Juan Carlos Fangacio
El padre de la arqueología peruana, Julio César Tello, es recordado como un personaje extraordinario. le decíán sharuko, que quiere decir ‘valiente’ o ‘tenaz’.
El padre de la arqueología peruana, Julio César Tello, es recordado como un personaje extraordinario. le decíán sharuko, que quiere decir ‘valiente’ o ‘tenaz’.
/ MNAAHP

En julio de 1925, la llegada a Lima de su amigo de la Universidad de Harvard, el arqueólogo Dr. Samuel K. Lothrop, fue una grata coincidencia. Tello necesitaba financiar la expedición a Paracas. Lothrop tenía el dinero. Así, días antes de las Fiestas Patrias, se organizaron y el jueves 23 de julio comenzó la expedición en automóvil. Al llegar a Pisco, indagó por huacas y huaqueros hasta que dio con uno de los más conocidos en la zona, José ‘El Sordo’ Quintana, quien a regañadientes los guió hacia Cerro Colorado.

En una hermosa carta, Lothrop describe el descubrimiento que hicieron poco después: “Yo recuerdo que ese día, 26 de julio, el sol se filtró a través de las nubes por pocos minutos, justamente cuando nosotros llegamos al sitio, iluminando los fragmentos de tejidos de varios colores que habían sido largamente expuestos al aire y que se deshacían al tocarlos. Ni el doctor Tello ni yo nos dimos cuenta de lo que habíamos encontrado, ni podríamos prever que las excavaciones efectuadas en los siguientes años formarían el núcleo del gran museo que existe en Magdalena Vieja”.

Cerro colorado, llamado así por la coloración rojiza de su arena, es un sitio arqueológico fundamental de la fase paracas cavernas.
Cerro colorado, llamado así por la coloración rojiza de su arena, es un sitio arqueológico fundamental de la fase paracas cavernas.
/ RICHARD HIRANO

Lothrop continúa su narración con un detalle cinematográfico: “El doctor Tello daba voces de admiración por los cráneos deformados que encontraba desparramados en la superficie de las tumbas saqueadas por los huaqueros y hacía exclamaciones de alegría por el hallazgo de cráneos con enormes trepanaciones”. El auto de regreso estuvo recargado con sacos de decenas de cráneos humanos y el temor a ser detenidos por alguna sospecha policial al ver los inusuales paquetes. Afortunadamente, en ese viaje no solo llegó a Lima el inicio de la colección Paracas, sino la ilusión de haber encontrado una nueva civilización.

Una serie de viajes e investigaciones continuaron a este hallazgo, especialmente desde 1927 hasta 1930, en las zonas denominadas Cerro Colorado - Wari Kayan y Arena Blanca - Cabezas Largas. Ahí se encontraron la evidencia de los Paracas Cavernas (800-100 a. C.), caracterizados por sus entierros subterráneos en forma de botella y cerámica polícroma; y Paracas Necrópolis (100 a. C. - 200 d. C.), etapa de los más majestuosos y refinados mantos textiles. Los cavernas se fueron y llegaron los necrópolis.

“Estos usaron las viviendas de Wari Kayan como cementerio y enterraron a sus muertos. Se encontraron mas de 400 fardos funerarios en estas casas abandonadas por los cavernas”, nos comenta Rubén García, arqueólogo de la DDC de Ica. “Eran comunitarios, no había tumbas como la del Señor de Sipán. Los fardos los colocaban uno sobre el otro”. Rubén recuerda que el último gran huaqueo de la zona fue en 2004, en Cerro Colorado, donde saquearon tumbas cavernas intactas, pero parte del material se pudo recuperar.

Tesoros en Magdalena vieja

El Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP), en Pueblo Libre, alberga el grueso de la colección Tello, incluyendo la colección Paracas. Para esta nota, Somos tuvo un acceso privilegiado a piezas de más de 2 mil años de antigüedad, como mantos de intensos colores con personajes danzantes y voladores, cuya simbología cuenta historias. Fueron recuperados con los elementos encontrados ‘in situ’, como los hilos originales. También, elementos de un tocado como la piel de un zorrito, textiles tejidos con plumas, un voluminoso fardo funerario de unos 200 kilos, cráneos con trepanaciones, otros alargados, y envueltos en llautos con cabello original. Narigueras, orejeras, prendas masculinas como la esclavina y un maravilloso unku con flecos.

La arqueóloga, conservadora y especialista en textiles, María Ysabel Medina nos guía por las instalaciones del MNAAHP. Aquí se resguarda la mayor parte de la colección paracas. Esta incluye 429 fardos y más de 200 mantos en sus anaqueles.
La arqueóloga, conservadora y especialista en textiles, María Ysabel Medina nos guía por las instalaciones del MNAAHP. Aquí se resguarda la mayor parte de la colección paracas. Esta incluye 429 fardos y más de 200 mantos en sus anaqueles.
/ Diego Moreno

Este viaje milenario en el museo fue guiado por la arqueóloga, conservadora y especialista en textiles, María Ysabel Medina. “Nunca nos cansamos de verlos”, nos dice en referencia a los mantos finamente trabajados con fibra de camélido y de algodón, que nos muestra en sus anaqueles. “Las condiciones del desierto permitieron su conservación. Es un clima seco y favorable. Al momento de enterrarse se ha sellado, entonces el material se ha acostumbrado a ese clima. El impacto al salir de la superficie pudo pulverizarlos”. Los más fuertes se lograron conservar.

Uno de los más de 400 fardos de la colección de la cultura Paracas trasladados bajo la dirección de Tello. Se encuentra en su canasta original tal como lo encontraron. Cada fardo fue enumerado y cada pieza encontrada dentro también clasificada con minucioso empeño.
Uno de los más de 400 fardos de la colección de la cultura Paracas trasladados bajo la dirección de Tello. Se encuentra en su canasta original tal como lo encontraron. Cada fardo fue enumerado y cada pieza encontrada dentro también clasificada con minucioso empeño.
/ Diego Moreno

La arqueóloga nos explica que cada fardo es un mundo propio: detrás de cada capa hay nuevos textiles, mantos y piezas que comunican algo de la identidad del individuo que se encuentra dentro. Asimismo, los personajes que aparecen en los mantos están en relación directa entre la iconografía, los elementos del fardo y el individuo. Entre los 429 fardos que alberga la colección, uno de los más grandes lleva la numeración 290, encontrado a 5 metros de profundidad. Este posee casi 2 metros de altura y 100 especímenes dentro. También está el fardo 410 o 157 (tiene dos códigos), con 200 elementos, entre ellos 14 mantos. “Trabajar cada manto demanda tiempo para los expertos, poseer 14 nos lleva a pensar que la población tenía reservada la producción de textiles para participar en el ritual funerario, dependiendo de la persona que se iba a enterrar”.

Los colores fueron importantes para los paracas. se usaron rubiáceas, planta chapi chapi o cochinilla. La mayoría son tintes naturales, a veces minerales. también tienen colores azules, Se usó el añil.
Los colores fueron importantes para los paracas. se usaron rubiáceas, planta chapi chapi o cochinilla. La mayoría son tintes naturales, a veces minerales. también tienen colores azules, Se usó el añil.
/ Diego Moreno

Además de los textiles de técnicas complejas uno de los rasgos máximos de la cultura Paracas es el asombroso dominio de la cirugía en las trepanaciones craneanas. Mellisa Lund, miembro fundadora del Grupo de Investigación en Bioarqueología y Antropología Forense (GIBAF-PUCP), explica que se usaron principalmente en caso de fracturas y así aliviar la presión de los heridos, la mayoría hombres: “Hubo tres tipos de trepanaciones: el raspado, los cortes y las perforaciones. Se piensa que en las dos primeras usaron la obsidiana”, comenta.

Concepto: Fotografiar la colección de objetos de la cultura Paracas bajo el cuidado del Museo de Pueblo Libre. Adicionalmente, retratar a algunos de los curadores/doctores y al director del museo.
Concepto: Fotografiar la colección de objetos de la cultura Paracas bajo el cuidado del Museo de Pueblo Libre. Adicionalmente, retratar a algunos de los curadores/doctores y al director del museo.
/ Diego Moreno

La supervivencia de estos individuos ante tantas trepanaciones (a uno de ellos le practicaron cuatro, pero no sobrevivió a la última) evidencia que sí hubo un dominio de lo que estaban haciendo. No era cualquier persona la que realizaba las trepanaciones. Además, los alargamientos de los cráneos, por ejemplo, se hacían desde pequeños con tablillas y almohadillas deformadoras: “Era una forma de identidad social. Los alargados están asociados a los fardos de primera categoría, de la élite”.

El médico, antropólogo y arqueólogo Julio C. Tello está enterrado en un mausoleo subterráneo del MNAAHP, en Pueblo Libre.
El médico, antropólogo y arqueólogo Julio C. Tello está enterrado en un mausoleo subterráneo del MNAAHP, en Pueblo Libre.
/ Diego Moreno

Moda al viento

Las expresiones de la cultura Paracas han inspirado a artistas de la moda y la música, como el diseñador Jorge Luis Salinas, quien lanzó su colección Paracas en 2016. Por otro lado, el arqueodiseñador Adrián Ilave, presentó en São Paulo, durante el Brasil Eco Fashion Week de 2023, una colección con varios períodos de la arqueología peruana, incluyendo la Paracas. Aquí desarrolló su propuesta: la arqueomoda.

En la pasarela del Brasil Eco Fashion Week de 2023 con la colección del arqueomodista Adrián Ilave (@adrianilaveinka). Ha rescatado los unkus, llautos, maquillaje, faldas, accesorios como aretes y collares paracas.
En la pasarela del Brasil Eco Fashion Week de 2023 con la colección del arqueomodista Adrián Ilave (@adrianilaveinka). Ha rescatado los unkus, llautos, maquillaje, faldas, accesorios como aretes y collares paracas.
/ Marco Rodriguez Studio

Adrián ve la moda como un estilo de vida y fue frente al mar de Paracas que entendió que esta cultura tuvo como divinidad al viento: “Su ropa estuvo dedicada a él. Tiene unas borlas y parece un ave que va a volar. Para entender la moda hay que estar en el lugar”, nos dice desde Brasil.

Por otro lado, la cantante La Lá escribió “Paracas cavernas”, como una alusión a los fardos bajo tierra y al encierro de la vida doméstica; también como un homenaje a su mamá: por lo que resistió por ser mujer y porque le regaló unas medias rojas que, según sus palabras, con los años se convirtieron “casi en un vestigio arqueológico”.

Han pasado 100 años de su descubrimiento, pero el peso de esta cultura se sigue filtrando en el imaginario de los peruanos. //

Además…
Julio C. Tello, un legado sin final

-El Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú se encuentra en una nueva etapa. Su director, el Dr. Rafael Varón, ha confirmado la próxima construcción de un gran edificio de cinco pisos con nuevos depósitos en un área de 30.000 m², a la espalda del --actual museo. Contará con las medidas adecuadas para un buen trabajo de conservación de materiales e investigación.  

-La exposición “Arte y tecnologías del Perú milenario” estará abierta en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú hasta fines de agosto. 

-El Archivo Tello de la Universidad Nacional de San Marcos custodia sus libretas, acuarelas y acervo documental. Además, se ha encargado de publicar los “Cuadernos de investigación del Archivo Tello”, que se encuentran online. Este archivo se resguarda en el museo de la Casona de San Marcos fundado por Tello. Según Juan Pablo Villanueva, director del Museo de Arqueología y Antropología de la UNMSM, Julio C. Tello consideró a Paracas en su momento como la cultura matriz de la costa sur del Perú. 

-La arqueóloga y discípula de Tello, Rebeca Carrión Cachot, publicó en la revista “Wiracocha” un ensayo sobre la indumentaria textil paracas. Ella también fue directora del MNAAHP.

-El Diario El Comercio comentó en sus páginas los pasos de Juio C. Tello y su equipo en las tierras paracas desde los primeros hallazgos y expediciones. Esta imagen (abajo) es del Archivo El Comercio.

Julio C. Tello, un legado sin final
Arqueología artística

Las libretas de campo fueron sumamente importantes. Junto a sus discípulos Toribio Mejía Xesspe y Rebeca Carrión Cachot, Tello consignó a mano los protocolos de cada trabajo de campo. No pueden pasar desapercibidos los acuarelistas Pedro Rojas Ponce y Hernán Pose Sánchez: “Eran los más grandes dibujantes de la historia de la arqueología peruana”, señala el arqueólogo Gori Tumi Echevarría. “Son los que realizan los dibujos de los fardos funerarios de Paracas, las obras maestras de la ilustración arqueológica”, afirma emocionado. Tello era muy exigente con las series de ilustraciones. 

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