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San Valentín: La agitada vida de los imitadores peruanos de José José, Camilo Sesto y otros grandes baladistas románticos
Los imitadores de los grandes baladistas románticos tienen sus cupos llenos en San Valentín, con hasta cinco presentaciones por día. ¿Cómo es ganarse la vida interpretando a otra persona? Aquí, testimonios de cómo el destino te da segundas oportunidades cuando menos piensas.
Carlos Burga (51) empezó a imitar a José José a la edad de 12 años, cuando se presentó en el programa de Augusto Ferrando. Luego intentó una carrera con nombre propio que no cuajó. (Foto: Elías Alfageme)
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Resumen
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Carlos Burga (51) empezó a imitar a José José a la edad de 12 años, cuando se presentó en el programa de Augusto Ferrando. Luego intentó una carrera con nombre propio que no cuajó. (Foto: Elías Alfageme)
En la cola para el cásting de imitadores, el chofer de maquinaria pesada Carlos Burga se enfrentaba a un fantasma del pasado que lo visitaba en el peor momento. Pensaba en la vez que vino de Ferreñafe a Lima, con 14 años, para convertirse en cantante, una ilusión que duró poco y dolió mucho. Estrellado contra una pared de indiferencia, el pequeño Carlos regresó a su ciudad y pasó lo de siempre: la vida siguió, llegaron las necesidades y un trabajo como conductor que mandó a archivar sus sueños de escenario por casi treinta años.
Los imitadores de las grandes voces del amor (Julio Iglesias, Nino Bravo, José José, Raphael) comparten un pasado más o menos similar: muchos de ellos cuentan lo difícil que es sobresalir con su nombre propio en un medio sin espacios o industria. Algunos lo intentaron y tiraron la toalla. De otro lado, imitar a otra persona puede ser, según tus aspiraciones, una herida en el orgullo. Y era lo que pensaba Burga en esa cola de imitadores. Gente que aprecia mucho le recomendó que no lo hiciera. “Tienes que pensar en tu carrera musical”, le dijeron. “¿Cuál carrera?, replicó él. Tenía 41 años y la chance de una última oportunidad se le presentaba.
Lo que pasó con Carlos después de ese cásting del programa “Yo soy” del 2013 es historia. Su imitación del mexicano José José le ha valido ser el único en ganar dicho concurso televisivo en dos temporadas distintas. Le ha permitido también viajar dentro y fuera del país, pagar la universidad de sus hijos, comprarse una casa. Pero eso no es lo más importante. “Mi sueño era pararme ante el público, cantar y sentir el aplauso de la gente. Todo eso lo he logrado a esta edad y se lo debo a José José. Estoy por cumplir 51 años y puedo decir que hoy solo vivo de la música”.
Carlos Burga fue cargado por sus competidores (Facebook/Frecuencia Latina)
ASÍ ES LA VIDA DE UN IMITADOR
En sus fechas más solicitadas (Día de San Valentín, Día de la Madre), un imitador de baladista puede hacer entre cinco y diez con - ciertos en un solo día. Es un sacrificio que les deja la garganta hecha jirones, pero que soportan de buena gana si a su profesionalismo le suman la vocación de un fan. Es el caso de Marco Bruno, imitador peruano de Camilo Sesto además de miembro entusiasta del club de fans Casep (Camilo Sesto Perú). Incluso, cuando era niño, sentía que esa música que escuchaba su mamá le causaba un erizamiento en la piel que no sabía explicar. “Era como si me quedara hipnotizado”, dice por las canciones de El Puma, Julio Iglesias, Raphael y, por supuesto, Camilo Sesto. A este último lo imitaba de puro fan, incluso en las épocas que no monetizaba por su interpretación, como un gesto de amor. Ya después, pudo conocer a su ídolo y hasta tener la suerte de recibir consejos de canto del autor de “El amor de mi vida” y “Fresa salvaje”.
Marco Bruno imita a Camilo Sesto desde sus épocas de universitario. Una de sus mayores satisfacciones en la vida ha sido conocer al divo español y que este le de consejos para una buena interpretaciòn. (Foto: Elías Alfageme).
/ SOMOS > ELIAS ALFAGEME
A la sesión de fotos con Somos, Marco Bruno llega ataviado como el Camilo de los años 70, con un terno blanco, camisa de solapas anchas, cruz en el pecho, anillos y correa ostentosa. Cuando más presta atención a los detalles, más siente que el propio Camilo toma posesión de él. Fue lo que percibió ese 8 de setiembre del 2019, justo antes de un show, cuando le dijeron que su admirado había fallecido de una insuficiencia renal. Marco estaba en ‘shock’ pero el show debía continuar, así que se subió a la tarima y por la próxima hora cantó desde las vísceras, tan cargado de emociones que el público entró en trance con él. Terminada la tocada pidió ir al baño y ahí, en la soledad de ese lugar, se pudo quebrar.
Para ser un buen imitador, desde luego, hay que ser un poco actor, y quien mejor lo sabe es Alberto Ravines (62), que ha escogido para emular al más histriónico de las voces del cancionero romántico hispanoamericano. Cuando Alberto se pone su camisa negra, su pantalón del mismo color y le hace un ‘queco’ intenso a la cámara, se convierte en un segundo en el grandísimo Raphael. Y todo eso es antes de que empiece a cantar, siquiera. Su voz es tan parecida que Ravines aclara que es como si sus timbres, el del español y el peruano, se hubiesen fusionado. “Hasta canciones de otros cantantes me salen al estilo de Raphael. Ravines recuerda que lleva imitando a ‘El Niño de Linares’ de forma no profesional desde el año 1968, cuando las películas del divo español causaban sensación entre los adolescentes. Ya de forma profesional, con el personaje, lo haría desde fines de los años noventa.
El maestro Alberto Ravines (62) imita a Raphael desde que este era un idolo entre los adolescentes. (Foto: Anthony Niño de Guzmán).
/ ANTHONY NINO
Imitar a alguien que admiras es un trabajo dedicado y Carlos Burga, el José José peruano, no duda en decir que los imitadores son “los verdaderos cantantes del pueblo”, pues no existe distancia entre ellos y el público, como si la hay con los divos originales. El imitador puede mirar a su público a la cara, se puede bajar del escenario y cantarle al oído a una dueña del santo que, por unos minutos, estará convencida de que se trata del original. “Es un juego de imaginación”, dice. Ese pacto cómplice lo conoce bien Roberto Pereda (59), el Julio Iglesias peruano, acostumbrado a recibir muestras de cariño femenino en sus shows (miradas, algunos piropos, nada más allá) porque es parte del juego de encarnar al mítico ‘playboy’ de la canción romántica. “Julio tiene unos gestos, una mirada pícara, que toma tiempo lograrla. Es como jugar a ser seductor, pero solo eso, no más. Un juego”, reconoce el cantante que antes de la fama era taxista.
Roberto Pereda, imitador de Julio Iglesias, se dio a conocer en el programa YoSoy. (Foto: Silva Studios)
Pereda, que por estos días participa en una temporada de “Yo soy” en Chilevisión, está convencido de que los imitadores peruanos son estrellas por derecho propio. “Los niños, por ejemplo, no tienen el referente de los originales, pero nos siguen a nosotros, nos conocen por la televisión. Ellos ya no ven al artista que estamos interpretando. Te ven a ti”. De forma similar, Sebastián Landa, el José Feliciano del Perú, y el más joven de los consultados para esta nota (29 años), concuerda en un punto: “Nosotros vivimos con una fama prestada, y como somos fans de los músicos que imitamos, sabemos que es una obligación ser humildes con la gente”.
Sebastián Landa imita a José Feliciano. Lo admira además de su voz y canciones por ser un gran guitarrista. (Foto: Luis Alarcón)
De lo que se trata, además, es de honrar no solo a las figuras románticas, sino al inmenso catálogo de canciones, ese corpus del sentimentalismo que en días como San Valentín adquieren una relevancia especial. No hay mejor tiempo para escuchar esas baladas puñaleras escritas con una magia y química que hoy día ya no se encuentran. //
Además…
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Carlos Burga (José José) Tel.: 997 590 573 IG: @carlosburga_josejose
Alberto Ravines (Raphael) Tel.: 999 967 388 FB: Alberto Ravines - Yo Soy Raphael Peruano El De Siempre